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Hacia el Amor Para tener miedo al amor, hay que tener despierto el amor. No se tiene miedo al mayor si no estamos despiertos. La fuente del amor nace desde lo profundo de esa carencia, del mismo lugar. A más desamor, más grande es nuestra capacidad de amar, salvo por estar equivocados. El desamor se genera desde la herida de ser conscientes de que nos falta amor, aunque sea simplemente porque lo buscamos equivocadamente. Nuestra capacidad de amar puede estar despierta y mostrarse en una magnitud desorbitada, pero esa capacidad se trasforma en dolor y carencia de sí mismo al estar proyectados en una realidad carente de amor, ni posibilidad de contenerlo. La vida humana nos lleva a experimentarla en base a lo observado, a lo exterior, a lo separado e individual, cuando la naturaleza del amor que percibimos en nuestro interior reclama fusión, unidad. El amor puede decirse irracional, porque no entiende de los límites y características de la realidad humana. La razón humana entiende de posesión, de manipulación, de forzar situaciones para conseguir ser amado. El amor humano se desarrolla en torno a lo racional, el acuerdo con otra persona, a la atracción biológica, a la compatibilidad de las identidades, a la relación provechosa. Todo puede estar en perfecto orden de ese modo. Cuando tenemos esa herida interior de desajuste con lo que el amor humano puede ofrecernos, generalmente es porque nos demanda características que son propias de esa necesidad de traspasar lo racional y se convierte en inapropiado. Entonces, al darnos cuenta, lo reprimimos y entendemos que nuestra necesidad de amar, como nuestro interior nos demanda, es impropia, inadecuada y hemos de reprimirlo, lo juzgamos utópico en imposible de materializar. Es cuado el desamor interior se convierte en depresión, cancelación y renuncia. Cuando esa frustración interior nos supera y nos lleva a renunciar, quizás deberíamos contemplarlo de otro modo, ya que es la manifestación de que lo que nuestro interior nos reclama es un amor que no puede ser enmarcado en la vida humana. Manifiesta que nuestra capacidad de amar sobrepasa los límites humanos y denota que estamos vivos desde el interior. Es un milagro que tengamos activa y despierta nuestra capacidad interior de sentirnos en la necesidad de un amor superior, lo que denota que realmente somos algo bien diferente que no se ve representado por nuestra idea humana de ser. Disponemos de una vocación hacia la verdad, lo auténtico y perfecto y lo que nos puede frustrar es creer que podemos encontrarlo en lo humano, de tal manera que la frustración nos haga dejar de creer en nosotros mismos y lo que sentimos. Es importante reflexionar sobre este hecho, ya que es la raíz de todo nuestro desamor y sufrimiento. Si nuestra vocación de amar sobrepasa las posibilidades humanas es porque nace de algún lugar de nuestro interior que no forma parte de lo humano. Esa parte es nuestra realidad interior como ser, al margen de las cualidades humanas. Es la parte que estaba antes de nacer, de cualquier acontecimiento posterior, algo en lo que siempre estamos. Su realidad se contempla en un plano interior. Nuestro interior clama por lo perfecto, por la completa integración de uno mismo con el objeto que amamos, porque esa es su naturaleza. Debemos ir a lo profundo, llegar a la raíz misma del que siente el desamor. Comprender el grado de pendencia que tenemos con respecto a cuestiones exteriores, cambiantes y efímeras. Al profundizar en el dolor del desamor, nos encontraremos con la realidad de un ser que está experimentando ese desamor. Observaremos que es la vida, a la que damos el poder de ser amados, la que no nos aporta las condiciones para sentirnos amados. Que la herida que sentimos se basa en el intento de obtener un resultado imposible de ser satisfecho. Irremediablemente, con las sucesivas experiencias, aceptaremos y creeremos, que la vida no va a satisfacer esa necesidad de ser amado. Tendremos que aceptar que esa emocionalidad interior no puede encontrar correspondencia en lo humano y comprenderemos de qué modo hemos estado esclavos en esa intención. No se ha de culpar al mundo por que no nos da lo que necesitamos desde el interior, más bien, entender que es lo natural. Ese desencuentro con el amor humano es el que nos impulsa y guía para ir en busca de nuestra realidad interior. Precisamente el desamor es el camino más corto para ello. Seguirle el rastro hasta reconocer al ser interior que quiere encontrar el amor y no lo consigue. Todos los seres humanos tenemos la aspiración al perfecto amor y todos intermediamos en la intención de materializarlo en base a la realidad exterior. De ese modo, todos podemos estar experimentando las imperfecciones y limitaciones de esa materialización. Lo que inevitablemente mostramos a los demás son las imperfecciones en lo que podemos manifestar como amor. Continúa,....