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En el corazón de El Impenetrable chaqueño, el algodón sigue siendo mucho más que un cultivo: es historia, identidad y motor económico. Aunque los tiempos cambiaron y la superficie sembrada se redujo considerablemente, la campaña de desmote vuelve a poner en movimiento a productores, cooperativas y trabajadores que sostienen la actividad con esfuerzo y expectativa. Desde la Cooperativa del Departamento General Güemes, el ingeniero Daniel Pértile trazó un panorama claro de la situación actual del sector, marcada por la tecnificación, la reducción de hectáreas y un contexto comercial complejo. “Hemos tenido 25 mil hectáreas en el Departamento Güemes y actualmente estamos en 10 mil hectáreas”, señaló, al comparar el presente con aquellas grandes campañas algodoneras donde predominaba la cosecha manual y el movimiento económico era mucho mayor. La transformación tecnológica también modificó la dinámica productiva. “Las mismas variedades de algodón han hecho que se puedan aplicar ciertos productos y que controlen esas malezas”, explicó, detallando cómo el avance en semillas y herbicidas redujo la necesidad de mano de obra intensiva como las carpidas y limpiezas tradicionales. Sin embargo, el principal desafío hoy no está solo en el campo, sino en la comercialización. “Estamos en un cuello de botella con respecto a las ventas de fibra”, advirtió. La importación de textiles y los altos costos internos impactan directamente en la competitividad: “Nosotros tenemos un costo más elevado, eso es indiscutible. La parte impositiva, los costos bancarios, impuestos al cheque, al débito, al crédito… la tenemos a todas”. A pesar de ese escenario, el entusiasmo del productor sigue intacto. “El productor está siempre entusiasmado. Están en plena cosecha, buscan camiones, quieren trabajar otro turno más… eso te alienta”, destacó Pértiles. El proceso del desmote El recorrido por la planta permite observar cada etapa del proceso industrial. Todo comienza con el pesaje del camión y el registro correspondiente. Luego el algodón ingresa al sistema de succión que lo conduce hacia los cuerpos de desmote. “Ahí está la sierra y las costillas que separan la fibra de la semilla”, explicó el ingeniero al describir el corazón de la planta. Tras la limpieza y separación, la fibra es prensada hasta formar fardos que rondan los 200 kilos, numerados y registrados productor por productor. La calidad del algodón también marca diferencias comerciales. “Acá siempre fue C cuarto, C medio el estándar. Tuvimos algunos casos de calidad B… espectacular”, indicó, en referencia a los grados comerciales que determinan el valor de la fibra. Los subproductos y su destino El algodón no termina en la fibra. La semilla tiene múltiples destinos: parte se envía a la industria aceitera para la producción de aceite —principalmente para exportación—, otra se utiliza como forraje en ganadería y una fracción se reserva para semilla de siembra. Además, existe un subproducto conocido como fibrilla. “Eso se vende para la fabricación de estopa, trapo de piso, guantes… y una parte va a la fábrica de algodón hidrófilo”, detalló. Una apuesta permanente Más allá de las dificultades climáticas, económicas y estructurales, el algodón sigue siendo una apuesta productiva en el norte chaqueño. “Esto es apostar y apostar”, resumió Pértiles. Y agregó: “Hay que ponerle un poquito de buena onda también, porque todo esto lleva meses de trabajo previo y mucho riesgo”. Entre avances tecnológicos, ajustes industriales y un mercado desafiante, el algodón continúa escribiendo su historia en El Impenetrable, sostenido por productores que, campaña tras campaña, renuevan la esperanza.