У нас вы можете посмотреть бесплатно Video Episodio 200: Papa n º 125 — Esteban VII 928–931 или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
El pontificado de Esteban VII se sitúa inmediatamente después de una sucesión de papas de gobierno breve y restringido, en pleno saeculum obscurum. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores inmediatos, Esteban VII pudo ejercer su ministerio con mayor margen de acción y dejó una huella significativa en la vida eclesial, especialmente en el esfuerzo por sanar las heridas causadas por los excesos y abusos del pasado reciente. Uno de los gestos más relevantes de su pontificado fue la revisión y condena del llamado “Sínodo del Cadáver” (Synodus Horrenda), aquel episodio escandaloso en el que el Papa Formoso había sido juzgado póstumamente. Esteban VII anuló las decisiones de aquel sínodo, rehabilitó la memoria de Formoso y ordenó que sus restos fueran tratados con dignidad cristiana. Este acto no fue meramente simbólico, sino profundamente teológico: afirmaba que la autoridad de la Iglesia no puede ejercerse desde la venganza ni la manipulación, sino desde la justicia y la misericordia. Desde una perspectiva pastoral, este gesto buscó restablecer la comunión eclesial, dañada por años de luchas facciosas y decisiones arbitrarias. Esteban VII comprendió que la credibilidad de la Iglesia no se reconstruye mediante el olvido forzado, sino mediante el reconocimiento del error y la restauración de la verdad. Teológicamente, su pontificado subraya un principio esencial del ministerio petrino: el Papa es custodio de la unidad y garante de la justicia, incluso cuando esta debe ejercerse dentro de la propia historia de la Iglesia. Al corregir decisiones injustas del pasado, Esteban VII mostró que la autoridad papal no es absolutista ni arbitraria, sino responsable ante Dios y al servicio de la comunión. Desde una lectura apologética, su figura ofrece una respuesta clara a quienes señalan episodios oscuros de la historia del papado como argumento contra su legitimidad. Precisamente porque la Iglesia puede reconocer, corregir y sanar sus propias heridas, se manifiesta en ella una acción que supera lo meramente humano. Si la Iglesia fuese solo una institución de poder, habría perpetuado el error; sin embargo, en la corrección y la restauración se revela su dimensión espiritual. El pontificado de Esteban VII concluyó en 931, dejando como legado una lección silenciosa pero firme: la verdadera reforma eclesial comienza por la verdad, la justicia y la reconciliación. En tiempos de confusión, su servicio petrino recordó que la autoridad auténtica no humilla, sino que restaura; no divide, sino que vuelve a unir en Cristo.