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El Perdón Obtenido con Facilidad NO. 1448 UN SERMÓN PREDICADO POR CHARLES HADDON SPURGEON EN EL TABERNÁCULO METROPOLITANO, NEWINGTON, LONDRES. “Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32. “Y perdónense mutuamente, como Dios los ha perdonado por medio de Cristo.” Efesios 4:32. Biblia de América. Cuando los moralistas paganos deseaban enseñar la virtud no podían mostrar el ejemplo de sus dioses, pues, según sus mitólogos, los dioses estaban constituidos por una mezcla de cada vicio imaginable y, yo diría, inimaginable. Muchas de las deidades clásicas superaban a los peores individuos en sus crímenes. Eran tan grandes en la iniquidad como eran supuestamente superiores en poder. Es un día infausto para un pueblo cuando sus dioses son peores que su gente. La bendita pureza de nues- tra santa fe es conspicua, no sólo en sus preceptos, sino en el carácter del Dios a quien revela. No hay ninguna excelencia que pudiéramos pro- poner que no veamos resplandeciendo con brillantez en el Señor nuestro Dios. No hay ninguna línea de conducta en la que un creyente deba so- bresalir que no podamos identificar en Cristo Jesús nuestro Señor y Maestro como su norma. En los lugares más excelsos de la fe cristiana tienes las más excelsas virtudes y a Dios nuestro Padre y al Señor Jesús sea la más excelsa alabanza. Podemos exhortarlos al más tierno espíritu de perdón señalando a Dios que los ha perdonado en Cristo. ¿Qué motivo más noble podrían requerir para perdonarse unos a otros? Con ejemplos tan sublimes, hermanos, ¿qué tipo de personas deberíamos ser? Nos hemos enterado algunas veces de personas que eran mejores que su reli- gión, pero eso es completamente imposible entre nosotros; nunca, en es- píritu o en acto, podemos alzarnos a la sublime elevación de nuestra di- vina religión. Nosotros deberíamos estar elevándonos constantemente por encima de nosotros mismos y por encima de los más agraciados de nuestros hermanos cristianos, y sin embargo, sobre nosotros todavía contemplaremos a nuestro Dios y Salvador. Podemos ir de poder en po- der en pensamientos de bondad y deberes de piedad, pero Jesús está to- davía arriba y por siempre tenemos que estar alzando la mirada a Él cuando escalamos el sagrado monte de la gracia.