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Carta de Santiago Liniers a su suegro Martín de Sarratea, 14 de Julio de 1810. Biblioteca y Archivo del Museo Nacional Estancia Jesuita de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, Córdoba. Interpretación: Gabriel Hermano Audio de la Exposición LA LLAVE DEL PLATA Cabildo de Montevideo, 2016 - - - - Córdoba, 14 de Julio de 1810. Padre y Señor Don Martín de Sarratea “.... nadie conoce mejor que Usted que nada es más presuntuoso que la ignorancia. Ahora en cuanto a mi individuo ¿cómo siendo yo un general, un oficial quien en treinta y seis años he acreditado mi fidelidad y amor al soberano, quisiera Usted que en el último tercio de mi vida me cubriera de ignominia quedando indiferente en una causa que es la de mi Rey; que por esta infidencia dejase a mis hijos un nombre hasta el presente intachable, con la nota de traidor? Cuando los ingleses invadieron Buenos Aires en buena guerra, yo era un jefe muy subalterno del Virreinato ¿quién me obligaba a tratar de su reconquista y a arrojarme con un puñado de hombres a acometer unas tropas veteranas, y defendidas por la situación local. Entonces no trepidé un momento en emprender una hazaña tan peligrosa y abandonar mi familia al cuidado de la divina Providencia. Cuando fue necesario defender Buenos Aires a la cabeza de soldados bisoños y oponerme a las gigantes fuerzas victoriosas ya de Montevideo y de las fuerzas mandadas por Elío; ¿cuáles fueron los resultados?; el ver triunfar la buena causa. Pues mi Padre cuente Usted que si entonces era buena, la que defiendo en el día es además santa y obligatoria, no digo de un militar asalariado por su Rey, honrado con los más altas distinciones de que puede decorar a un vasallo, pero que reclama la de todo súbdito bajo la pena de caer en el delito de perjuro habiéndole jurado fidelidad. Tranquilícese usted Padre mío; tenga usted como yo confianza en Dios. El que me ha protegido hasta ahora cuidará de mi seguridad en lo venidero. Pero si según sus altos designios debe llegar en esta mi última hora, espero que su misericordia me tomará en cuenta el sacrifico a que me obliga mi profesión, en descuento de mis innumerables pecados. Mi Padre, aquel que da alimento a las aves del cielo, vigilará por la subsistencia y educación de mis hijos. Donde quiera que se presenten no se sonrojarán de deberme la vida y si no les dejo riquezas, les dejaré un buen nombre y buenos ejemplos que imitar. Celebraré se mantenga Usted con salud y expresiones a mis hermanas y hermanos, reciba Usted cariñosos afectos de sus nietos y de mis hijos, quedando con las veras de un respetuoso hijo agradecido. Santiago Liniers Señor, estimaré comunique Usted la presente a cuantos le pregunten por mí, que quiero que todo el mundo conozca mi modo de pensar, en la inteligencia que con el dogal al cuello, ni con la cuchilla en la garganta, desmentiré estos sentimientos”.