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¿Tú Crees en el Hijo de Dios? «Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? [...] Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró» (Juan 9: 35, 38). Muy cerca del estanque de Siloé, el señor Jesús, junto con sus discípulos, miró a un hombre ciego desde su nacimiento. La gente en el tiempo de Cristo consideraba que si una persona nacía con algún defecto físico o mental era porque había pecado ella o sus padres. Los discípulos inmediatamente le preguntaron al Señor: «¿Quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?». «No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él» (vers. 2-3), contestó el Señor. Más adelante, Jesús escupió en el suelo, hizo lodo con sus dedos y lo untó en los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé». El milagro de recibir la vista se realizó, pero el pobre hombre no sabía quién lo había hecho. Los vecinos lo interrogaron y los fariseos también: «¿Cómo te fueron abiertos los ojos?». A los padres del ciego les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?» (vers. 19). El relato es el mismo: el hombre sanado contó todo lo que Jesús le hizo. Algunos entre los fariseos llamaron a Jesús pecador por obrar en sábado y, al preguntarle al hombre quién creía que era el que lo había sanado, este contestó: «Que es profeta». Fue después de que dijo esas palabras que lo expulsaron de la sinagoga. «¿Cómo un profeta?», decían entre sí, «¿tú, nacido en pecado, y nos quieres enseñar?». El ciego no era este humilde hombre, sino todos los fariseos, así como todos aquellos que miraron las maravillas hechas por Jesús, pero no lo pudieron reconocer como el Mesías. Fueron ciegos por no lograr ver a través de un hombre común al hijo de Dios. En la actualidad, no es tan diferente. Muchos tienen a la Biblia en sus estantes, pero no la estudian. Muchos ven las bendiciones del Señor, pero no lo reconocen. Es paradójico que en la época de más luz y conocimiento intelectual millones están ciegos con respecto al conocimiento de Jesús como salvador. El Señor encontró al ciego luego de que lo habían expulsado y le preguntó: «¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró» (vers. 35-38). El Señor no te juzgará por no conocer, sino por lo que hiciste con la luz que recibiste. Muchos que dicen estar instruidos en la palabra de Dios están muy lejos de una fe sencilla y humilde que se doblegue ante Dios. Por otro lado, muchas personas sencillas e incultas, con una fe honesta, abrazan al Señor con todo su corazón con el poco conocimiento que tienen. Y tú, ¿crees en el Hijo del hombre? Recuerda que todo es por su gracia.