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“¿Y si te dijera que Santa Faustina dejó un secreto olvidado… capaz de liberar a tus seres queridos del purgatorio en cuestión de días, y no en años como siempre te hicieron creer?” Antes de continuar… dime en los comentarios: ¿desde qué país y región nos estás viendo? Es hermoso saber hasta dónde llega este mensaje. Y quiero lanzarte una pregunta que puede cambiar tu forma de rezar: ¿te imaginas que exista una oración revelada directamente por Jesús a Santa Faustina, con la fuerza de abrir las puertas del purgatorio más rápido que cualquier otro medio conocido? No son fantasías, ni promesas vacías. Son palabras registradas en su Diario, ese testimonio que la Iglesia estudió, aprobó y recomendó al mundo entero. Faustina cuenta que en una de sus visiones vio el purgatorio. Relata que allí las almas sufrían intensamente, un fuego purificador las envolvía, pero al mismo tiempo estaban en paz porque sabían que un día verían a Dios. Sin embargo, su dolor era tan grande que imploraban ayuda. Y Jesús le dijo que hay un medio especialísimo por el cual ellas pueden recibir alivio y ser liberadas más pronto: la Coronilla de la Divina Misericordia. Este es el secreto olvidado. Muchos rezan el rosario, muchos ofrecen sufragios, todos válidos y poderosos. Pero en las revelaciones de Faustina, Cristo subraya algo que muy pocos recuerdan: cuando recitas la Coronilla, no solo alcanzas misericordia para ti y para el mundo, sino que también tocas directamente el destino de las almas que esperan en el purgatorio. Ella misma testifica: “Vi al ángel ejecutor dispuesto a castigar la tierra… pero, mientras recitaba la Coronilla, vi al ángel incapaz de realizar la justicia que le correspondía. Así comprendí cuán poderosa es esta oración.” Si la Coronilla tiene fuerza para detener la justa ira de Dios sobre la tierra, ¿cuánto más para aliviar a las almas que esperan la purificación? Detente un momento y piensa: ¿cuántos seres queridos tuyos ya partieron? ¿Cuántos están ahora purificándose en el fuego del amor de Dios, pero clamando por tu intercesión? La gran mayoría de nosotros recuerda a nuestros muertos en el aniversario de su partida, o en noviembre, en el día de los fieles difuntos. Pero, ¿y si supieras que tu oración hoy mismo puede acortar años enteros de sufrimiento en el purgatorio? ¿Qué harías distinto? Santa Faustina escuchó de labios de Jesús: “Cuando recites esta Coronilla junto a un moribundo, me pondré entre el Padre y el alma agonizante, no como Juez justo, sino como Salvador misericordioso.” Si esto se cumple en el momento de la muerte, también se cumple después, cuando esa alma atraviesa la purificación. Porque la sangre y el agua que brotaron del Corazón de Cristo no conocen límites de tiempo ni de espacio. Hermano, hermana, aquí no se trata de devociones opcionales o de historias piadosas para tranquilizar la conciencia. Se trata de un secreto olvidado que tiene consecuencias eternas. Si sabes que la Coronilla abre las puertas de la misericordia, ¿vas a guardarlo en silencio? ¿Vas a permitir que tus seres queridos esperen más de lo necesario, cuando en tus manos está la llave para acelerar su encuentro con Dios? Santa Faustina, en su Diario, narra algo estremecedor: fue llevada por un ángel a visitar el purgatorio. No fue una metáfora, ni una imaginación, fue una experiencia mística real. Ella describe: “Vi una gran multitud de almas sufrientes en el fuego, pero no como el fuego terreno, sino como un fuego purificador que emanaba del amor de Dios.” No era un castigo cruel, era la purificación de aquellos que no murieron en plena unión con el Señor. Pero lo que más la marcó fue escuchar sus clamores silenciosos. No gritaban con palabras, sino con un deseo ardiente: ¡que alguien rece por ellas!