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El Pastor Lucio Suárez compartió, como ya es costumbre en él, una enseñanza profunda y confrontativa, abordando el fenómeno de la histeria colectiva con una perspectiva histórica, bíblica y espiritual, con el propósito de alertar a la iglesia sobre el peligro de perder la identidad en medio de las masas y las tendencias dominantes. Inició relatando un hecho histórico documentado ocurrido en el año 1518, conocido como la epidemia del baile o el baile de San Vito. En este evento, cientos de personas comenzaron a bailar de manera incontrolable durante semanas, muchos de ellos hasta morir por agotamiento, desnutrición o colapso físico. En su momento, la población (marcada por la superstición y el conflicto religioso de la época) atribuyó el fenómeno a la llamada “maldición de San Vito” (o el famoso “mal de San Vito” para nosotros los venezolanos), creyendo que se trataba de un castigo espiritual. Con el tiempo, este suceso fue identificado como uno de los primeros casos documentados de histeria colectiva, donde las personas actuaban simplemente siguiendo el comportamiento del grupo. Esta idea inevitablemente me hace pensar en la banda chilena Los Prisioneros y su himno “El baile de los que sobran”. Al igual que en la epidemia de 1518, la canción nos dice que hoy existe un baile invisible donde muchos participan por inercia, siguiendo un ritmo impuesto por un sistema (social o religioso) que al final los ignora o los desecha. En el contexto religioso, es el baile de quienes, al no saber quiénes son en Dios, terminan siendo lo que la masa decida. El Pastor enseñó que cuando las personas se integran en comunidades sin discernimiento, desaparece el individuo y nace un imaginario colectivo donde se actúa según la tendencia dominante. Advirtió que este mismo principio opera hoy dentro de la iglesia a través de corrientes que parecen espirituales, pero que no son más que "el baile de los que sobran": Fariseos: Priorizan la reputación por encima del testimonio. Saduceos: Reducen la fe a lo material y ritual. Escribas: Defienden la letra sin permitir la transformación del Espíritu. Esenios: Buscan una falsa pureza aislándose del mundo. Estas posturas son, en realidad, un delirio colectivo. Aunque pregonan la fe, son corrientes que "sobran" en el diseño del Reino, porque prefieren la comodidad de la estructura al costo del verdadero discipulado. Como los diez espías en Números 13, que se vieron como "langostas" por seguir la percepción de la mayoría, estas corrientes nos roban la identidad de "príncipes" que Dios nos dio. El mensaje del Pastor Lucio es claro: la gracia no es barata, se honra con una vida transformada. Jesús no buscó multitudes (masa), sino discípulos (identidad). El costo es la muerte al "yo" para dejar de ser parte de los que simplemente "sobran" en el sistema del mundo. Finalmente, el Pastor exhortó a la iglesia a detenerse y regresar a la senda antigua y llamó a no seguir bailando al ritmo de una sociedad sin música, sin verdad y sin discernimiento. Reflexión personal Dios no nos llamó a ser parte del delirio colectivo, ni a resignarnos a ser "los que sobran" pateando piedras en el camino de la religiosidad. Ser santo es ser distinto. El verdadero discipulado comienza cuando dejamos de imitar a las masas y decidimos honrar el sacrificio de Cristo con una vida que tiene propósito, nombre e identidad. Redacción: Yohan Morin