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Dale Like si te gustó 🥰👌 UNA CITA EN LA MADRUGADA AUTOR : Sandra Viviana Molina Huertas (SAVINA) Y estaba, allí, Rozagante y fresca como la mañana que perfumaba el día con su sonrisa. Y sus cabellos se movían como saludando el cielo Corría tan feliz por el prado con su cinto blanco, que se ondeba en su cintura al son de sus cabellos negros Mirando el horizonte con ojos de amor Esperaba emocionada, la sombra palpable de su amor. Recordaba a detalle cada rincón de su ser, y brillaban sus ojos con el mover de sus manos, como queriendo alcanzar su recuerdo. Se le había hecho tan inalcanzable el tiempo de volverle a ver. Y ahora solo era cuestión de minutos encontrarse con su destino Pero sentía como en horas eternas los segundos que le golpeaban su paz. Venía a lo lejos el tren con su grito impactante y su freno mayor, haría que se acabará de una vez por todas el suplicio atemorizante, de que no llegaría allí, que quizás no cumpliría su promesa, Y se le escapaba de su cordura un suspiro profundo que se confunde con el viento y la aborda en el silencio, en su ansiedad. Ya calmado su respirar, se sentó en aquella silla de madera vieja, donde habían escrito sus nombres con un gran corazón, que tallado con sus dos firmas se había casi borrado de aquel madero. Eran sus escritos de amor con un para siempre. Al cabo de unos segundos, sus ojos se inundaban de llanto, le brotaban sin permiso al dolor, no quería pensar que fuera otro año más sin verle, moría de ganas por ver sus ojos penetrantes como el cielo. Entonces, se levanta con decisión y apretando sus labios, se acercaba aún más a la estación, y al abrir la puerta del pasillo, una figura de metro ochenta y dos, con cabellos como el sol le iluminaba el día y ojos como el mar, que se cruzaron en su camino. Si! Sus miradas chocaron y sus sonrisas se sincronizan al ritmo del sonido del viento, él; al verla tan cerca la aprieta contra su cuerpo y aferrándose como las olas entre las piedras, la toma y le besa interminablemente, un mágico momento se tornó de repente enfocando una luz entre ellos dos, ella; con sus lágrimas de desesperación al no querer jamás volver a soltarlo, se sujeta a sus brazos y se queda rendida a sus caricias, mientras que él, con profunda mirada le dice que aquel suplicio allí terminaría, que su amor disfrutan porque su misión ya había terminado. Y tomados de la mano al sonido de los pájaros, la luna los eleva a su lecho. Y los camilleros con un silencio frío, levantan de aquella silla, su cuerpo, inerte y cansado, sus casi noventa años, le habían pesado por la soledad y la espera, abandonado entre la noche de luna llena, Sus almas se encontraron después de tantos años y enamorados, como cuando tenían 20, juntos, se alejaban hacia el más allá. Habían esperado una cita en la madrugada infinita, que por fin, les había dado la oportunidad, de encontrarse, una vez más!.