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🌟 Bienvenido a tu espacio de crecimiento personal y despertar espiritual. Este video es una profunda "reflexion" sobre la "soledad" y cómo el "desarrollo personal" nos lleva a la aceptación. A través de este viaje, descubrimos que el verdadero "crecimiento personal" se encuentra al cultivar la "paz" interior. ¡Nos vemos en el próximo video! ¿Estás Listo para tu Despertar Espiritual? #MarianoScavo #MarianoScavoEscritor #poesía #filosofía #espiritualidad #aceptación #rendición #meditación #introspección #conciencia #sanación #viajeInterior #poesíaModerna #pensamiento #calma #presencia #desapego #claridad #autoconocimiento #transformación El día que dejé de buscar, el desierto dejó de ser enemigo. No fue un milagro, ni una orden dictada por un dios cansado. Fue el cansancio honesto de mis pies, el fuego apagándose hasta oír el carbón decir su última verdad: no hay nada que alcanzar cuando el centro ya respira en silencio. Durante años perseguí espejos. Creí que cada reflejo era una puerta, y cada puerta un juicio, y cada juicio un mapa. Pero los espejos no conducen a ninguna parte: te devuelven siempre al rostro que evitas. Yo evitaba el mío, entrenado para la batalla, con la armadura del tiempo y la memoria, con la sombra crecida como árbol de invierno. El viento me había enseñado una pedagogía feroz: empujar, empujar, empujar. Y yo obedecí, confundiendo movimiento con sentido, confundiendo ruido con verdad, confundiendo la sed con la fuente. El día que dejé de buscar, me senté junto a una piedra y la piedra me habló con su idioma viejo: no hay prisa en mi cuerpo, no hay promesas en mi dureza, sólo la paciencia mineral de quien sabe esperar siglos para sentir el agua. Comprendí entonces que el agua no llega más rápido si grito. El río no negocia. La corriente tiene su propia forma de acariciar las orillas, de pulir las aristas, de volver redonda la palabra que antes hería. Mi nombre, que era filo, aprendió a ser canto. Vi pasar mi historia como un desfile de máscaras: el héroe que quería conquistar el cielo, el penitente que coleccionaba culpas como monedas, el mercader de promesas espirituales, el niño que escondió su temblor detrás de libros sagrados. Los bendije a todos, los dejé ir, como hojas que suelta el árbol cuando llega la estación de la verdad. Había fuego en mí, sí, pero quemaba hacia afuera, queriendo iluminar a la fuerza. Luego entendí que el fuego que no me pertenece es sólo humo en los pulmones del mundo. Apagué mis antorchas y encendí un candil dentro del pecho. La sombra, sorprendida, ya no tuvo que huir. Se sentó conmigo a mirar el agua. Y en su quietud la reconocí: era mi maestra. El tiempo dejó de ser un verdugo. Lo vi como una cuerda tendida entre dos silencios. Caminé por esa cuerda con el pulso de quien reza sin palabras, con el ritmo del que sabe que la respiración es una promesa cumplida a cada segundo. En la arena, el viento escribió y borró mis plegarias. Entonces supe que la plegaria verdadera es la que no necesita ser escrita. La que sucede cuando el pecho se afloja, cuando el cuerpo cede su mandato y la mente, por fin, aprende a no interrumpir. El día que dejé de buscar, la ciudad sonó distinta. El ruido era música sin instrumentos, la gente, un océano de puertas abiertas. Nadie debía salvarme, nadie debía comprenderme. Yo tampoco debía comprenderlo todo. El misterio se volvió compañero y el control, una barca pequeña liberada al gran mar. Mi memoria, antes rígida como estatua, se ablandó como arcilla bajo la lluvia. Pude moldearla sin violencia, recordar sin condena, olvidar sin miedo a perderme. La aceptación no fue una firma. No hubo contrato. Fue un vaso de agua sin ceremonia. Lo bebí de un trago, sintiendo la frescura subir en espiral por mi columna, un hilo de luz hilvanando mis vértebras, una calma que no pedía pruebas. El día que dejé de buscar, no encontré nada. Y en ese nada cabía todo: el latido antiguo de mis muertos, el juego de un niño que no pregunta, el sol cayendo como fruto maduro, el silencio extendiendo un manto sobre mi guerra. No hubo victoria, ni derrota. Sólo un acuerdo íntimo con el aire: respira y deja ser. Me hice cauce sin exigir río. Me hice orilla sin exigir mar. Y en esa pobreza sin demanda, apareció una riqueza sin dueño. 🌟 Sobre este canal: Mariano Scavo te guía en tu camino de transformación personal y despertar espiritual con meditaciones guiadas, audiolibros espirituales y técnicas prácticas de mindfulness. 🔔 Suscríbete para contenido diario: / marianoscavo 💬 Únete a nuestra comunidad: Comparte tu experiencia en los comentarios y conecta con otros buscadores espirituales. 🎯 Temas relacionados: #Meditación #DesarrolloPersonal #DespertarEspiritual #Mindfulness #TransformaciónPersonal #PazInterior #CrecimientoPersonal --- ⚠️ Nota: Este contenido es informativo y educativo. No sustituye asesoramiento profesional médico o psicológico. © 2025 Mariano Scavo - Todos los derechos reservados