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EL LIBRO DE LOS JUECES CAPITULO 5 Aquel día cantaron Débora y Barac hijo de Abinoam, diciendo: “Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, load al Señor.” El capítulo se abre con alabanza. No es un relato militar, sino un cántico sagrado. La victoria no es atribuida a estrategia humana ni a superioridad táctica, sino a la intervención divina y a la disposición voluntaria del pueblo. La alabanza surge cuando el liderazgo responde y el pueblo se entrega. “Oíd, reyes; escuchad, príncipes: yo cantaré al Señor, cantaré salmos al Señor, Dios de Israel.” El cántico proclama ante las naciones que el Dios de Israel actúa en la historia. No es una deidad local sin poder; es el Señor soberano que interviene en favor de su pueblo. “Cuando saliste de Seir, oh Señor, cuando te marchaste de los campos de Edom, la tierra tembló, los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas. Los montes temblaron delante del Señor, aquel Sinaí, delante del Señor Dios de Israel.” La poesía recuerda las teofanías del pasado, evocando el Sinaí y las manifestaciones poderosas del desierto. El mismo Dios que descendió en fuego y temblor es quien ha intervenido ahora. La victoria reciente se conecta con la historia sagrada; no es un acto aislado, sino continuidad del pacto. “En los días de Samgar hijo de Anat, en los días de Jael, los caminos estaban abandonados, y los viajeros andaban por sendas torcidas. Las aldeas quedaron desiertas en Israel, hasta que yo Débora me levanté, me levanté como madre en Israel.” El cántico describe el estado previo: inseguridad, miedo, desolación. La vida cotidiana estaba paralizada. La expresión “madre en Israel” no habla de dominio, sino de cuidado y responsabilidad. Débora se presenta como figura que despierta al pueblo, que protege y guía. “Escogieron nuevos dioses; entonces hubo guerra en las puertas. ¿Se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel?” La idolatría trajo vulnerabilidad. La ausencia de armas simboliza la impotencia espiritual y militar. Cuando se abandona al Señor, el pueblo queda indefenso. “Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel, que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo. Bendecid al Señor.” La alabanza se dirige a quienes respondieron con disposición. No todos acudieron al llamado, pero algunos sí. La fidelidad de unos pocos puede inclinar el curso de la historia. Se menciona a Efraín, Benjamín, Maquir, Zabulón y Neftalí como tribus que participaron con valentía. Pero también se señala la indiferencia de otras: Rubén con sus vacilaciones, Galaad permaneciendo al otro lado del Jordán, Dan quedándose junto a las naves, Aser permaneciendo en sus puertos.