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La situación comenzó como un suceso inesperado y avanzó hacia algo que ninguno de los presentes imaginaba. Los hechos se unieron con rapidez y marcaron a todos los involucrados. La embarcación “Copelia” se dirigía a una zona conocida por el paso constante de animales marinos. A bordo viajaban Hugo, Manuel, Fabio y el capitán Silvano, hombres con experiencia en navegación comercial. En los primeros momentos de la travesía todo transcurrió con regularidad. Los hombres revisaban el cargamento, confirmaban el estado de los instrumentos y mantenían un ritmo ordenado de trabajo, ninguno tenía sospecha de lo que estaba a punto de ocurrir en cuestión de minutos. Mientras supervisaba una cuerda lateral, Fabio detectó un movimiento bajo el casco. No lo interpretó como peligro al inicio, pues la región era conocida por el tránsito de especies grandes. La embarcación se inclinó por un golpe desde abajo, un golpe tan fuerte que todos buscaron sujetarse para evitar caer. El capitán Silvano ordenó revisar el casco, y Manuel se desplazó hacia la zona del impacto. El siguiente golpe fue todavía más potente, y el Copelia se elevó parcialmente sobre un costado antes de recuperar equilibrio. Los hombres comprendieron que aquello no era un simple choque accidental. Hugo logró identificar la silueta inmensa de una ballena situada justo debajo del barco, moviéndose en dirección al casco con una insistencia que resultaba inusual. Los tripulantes quedaron confundidos, pues, no había razones obvias para que un animal de ese tamaño buscara contacto constante con la embarcación. La ballena volvió a golpear, esta vez con mayor precisión, y el barco tembló con violencia y los hombres cayeron contra cajas, cuerdas y barriles. Silvano ordenó reducir la marcha para evitar un daño mayor. Fabio, encargado del mantenimiento del motor, detuvo el equipo y se mantuvo atento a cualquier señal de ruptura interna. A pesar de la suspensión temporal del avance, la ballena permaneció allí, como si esperara una reacción o una respuesta. Sin comprender el motivo del acoso, Hugo intentó observar desde la borda. La ballena emergió parcialmente, demostrando su tamaño descomunal. Los golpes anteriores no parecían parte de un ataque. Manuel, con experiencia en comportamiento animal, señaló que la criatura actuaba como si buscara algo específico. Y entonces, sin aviso previo, la ballena empujó al barco hacia un costado con una fuerza que superó todo lo visto hasta ese momento.