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"Deja que el mar se lleve lo que ya no debe estar." 🌊🎸 Sumérgete en la calma de "Marea de Ilhabela", una pieza de Bossa Nova minimalista que rinde homenaje al sonido clásico de los años 60. Inspirada en la belleza salvaje y la mística de la costa brasileña, esta canción es un viaje íntimo de introspección y esperanza. Acompañado por el suave rasgueo de una guitarra de nailon, el susurro de una flauta traversa y el vaivén de las cuerdas que imitan las mareas, nuestro protagonista busca en la música un refugio para sanar. Es una invitación a contemplar el horizonte, soltar las penas con la marea baja y renacer con cada ola que vuelve a besar la arena. Lo que encontrarás en esta obra: ✨ Una atmósfera nostálgica y profundamente filosófica. ✨ Instrumentación clásica: Guitarra, piano, flauta y escobillas. ✨ El espíritu de la Mata Atlántica y el misticismo del océano. Ideal para momentos de lectura, café, atardeceres o simplemente para conectar con el presente. Letra y música: Alejandro Schiantarelli Género: Bossa Nova / Jazz brasileño Inspiración: Ilhabela, São Paulo, Brasil. En la arena de Ilhabela, bajo el verde del palmar, vengo a ver cómo la vida se dispone a descansar. Con mi vieja compañera de madera y de cristal, busco un tono que me explique este ciclo natural. Miro el agua que se aleja, llevándose mi pesar, mis amores que se fueron y el miedo de no llegar. Marea que sube, marea que va, llévate el frío hacia el más allá. Detrás del horizonte, donde el cielo es un jardín, suelta mis penas, que encuentren su fin. Y cuando vuelvas, bañando mis pies, tráeme un motivo para nacer otra vez. Mientras busco entre las cuerdas un acorde de color, el salitre me acaricia, mitigando este dolor. Siento el pulso de la selva que me invita a respirar, un silencio que es refugio, una paz que es mi hogar. Espero el agua creciente, el abrazo del vaivén, que limpie cada rincón de lo que no me hace bien. Marea que sube, marea que va, llévate el frío hacia el más allá. Detrás del horizonte, donde el cielo es un jardín, suelta mis penas, que encuentren su fin. Y cuando vuelvas, bañando mis pies, tráeme un motivo para nacer otra vez. Y quizás, en la espuma de un sueño, surja una ninfa, un milagro de mar. Una sirena que cure este empeño de estar vacío y no saber amar. Que su belleza despierte el latido, de un corazón que ya está florecido. La marea vuelve... Me trae la luz. Nuevos acordes... Ilhabela y tú.