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Declarado Monumento Nacional en el año 1931, el Conjunto del Castillo de Jimena de la Frontera se alza estratégicamente sobre el denominado Cerro de San Cristóbal. Representa, por su envergadura, el conjunto monumental de mayor importancia de la localidad desde épocas remotas, pues su ocupación data desde la prehistoria como demuestran las cuevas de arte rupestre sitas no muy lejos de él, pasando por los tartésicos, bástulos, turdetanos, fenicios, romanos, musulmanes y cristianos, que dejaron su legado arquitectónico y cultural en la ciudad actual. La historia de Jimena de la Frontera se remonta a la prehistoria con una atribución cronológica del III Milenio a.C., demostrada por la presencia de numerosos abrigos rocosos decorados con representaciones esquemáticas, destacando la Laja Alta y Chinchilla situada en el mismo cerro del castillo. Las evidencias arqueológicas halladas en la zona del castillo denotan una ocupación entre los siglos V-III a.C. dentro del horizonte turdetano. Lo mismo ocurre ya en el siglo I a.C. con la presencia de monedas libio-fenicias bilingües con el topónimo latino de OBA y el mismo nombre en el alfabeto libio-fenicio, fechadas entre el 47-44 a.C. El escritor latino Plinio, en su descripción de la Bética, cita los habitantes de las costas, así como a los asentados más al interior y les atribuye un origen norteafricano y fenicio. Con la llegada de los romanos el nombre OBA pasa a latinizarse y adquiere la categoría de Municipium Res Publica Obensis durante el mandato del emperador Vespasiano (69-79 d.C.), contando con un Senado local. Ya en el siglo III la denominación OBA desaparece, debido probablemente a las invasiones germánicas, siendo esto corroborado con la aparición en las cercanías de San Pablo de Buceite de una lucerna cincelada en forma de paloma, así como una moneda del emperador Constantino, ambas del siglo IV d.C., pasando a tener una función de control de paso hacia las zonas del interior. Entre los siglos V-VIII, la zona de control de paso va adquiriendo un carácter defensivo cada vez más estable, pudiéndose especular con el doble amurallamiento y la cimentación de la torre del homenaje de origen romano-bizantino, creándose ahora una guarnición bizantina. De la ocupación musulmana no contamos con datos precisos, aunque sabemos que en el año 711 Musa desembarca en el Estrecho de Gibraltar, avanzando hacia el interior y conquistando las zonas a su paso, pudiendo pasar el territorio de Jimena a manos musulmanas. En 1059 el territorio de Jimena pasa a depender administrativamente del Reino Taifa de Sevilla. A finales del siglo XII es cuando el castillo sufre importantes reformas con el dominio almohade sevillano, transformando la torre del homenaje, la torre albarrana, puerta de acceso y la ejecución de nuevos aljibes. Es ahora cuando adquiere una importancia militar. Del año 1293 es la primera constancia que hay de textos escritos en la que se menciona la Jimena islámica, siendo el sultán merinita Abu Yacub el que hizo entrega al rey nazarí de Granada una serie de territorios entre los que se menciona XEMINA, una población con un papel determinante en las conquistas castellanas. En el año 1431, Jimena cae a mano de los cristianos con el asalto del Mariscal de Castilla Pedro García de Herrera. La villa es despoblada para adquirir de nuevo un carácter puramente estratégico-militar. Dos décadas después, en el año 1451 se reconquista por parte de los musulmanes, aunque poco después en el 1456 vuelve a estar en poder de los cristianos de forma definitiva. Posteriormente y tras años de abandono, la población ocupa la ladera Norte del promontorio. En el año 1811 la fortaleza es restaurada y acondicionada durante la Guerra de la Independencia. Durante el siglo XIX, “El Castillo” comúnmente llamado por los habitantes de la localidad, es transformado y aprovechado prácticamente en toda su extensión como consecuencia de las actividades agropecuarias, las cuales incitaron la desaparición y/o cubrición de los restos de la ciudad antigua, quedando a la vista en la actualidad las estructuras de carácter militar y los sistemas de aprovisionamiento de agua, como cisternas romanas, aljibes e incluso el depósito de agua municipal construido en la década de los años 70 del siglo XX, que hoy día sigue cumpliendo las mismas funciones que tiempos atrás. PARTES DEL CONJUNTO MONUMENTAL TORRE ALBARRANA Y ARCO DEL RELOJ Denominada comúnmente como “La torre del reloj” por albergar un reloj en su parte más alta, similar al hoy día colocado en el consistorio local, a inicios del siglo XX, siendo retirado en la década de los años 60 del mismo siglo por problemas de derrumbe del edificio. Presenta unas dimensiones de 6,30 m de ancho, 4,53 m de largo y 13,19 m de alto, está situada en el lugar más alejado con respecto al muro, justo en el lugar con menor pendiente, más accesible y débil del promontorio.