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Clásicos Venezolanos de Oro en la voz de Julio Jaramillo. De los LP "Julio Jaramillo le Canta a Venezuela". Conjunto de Valentin Caruci "Los Copleros del Camino". Integrantes: Arpa: Cándido Herrera Cuatro: Ángel Pérez Maracas: Aquilino Díaz Contrabajo: Abrahán Marrero Artista Invitado: Cuatro: Juan Briceño. Una recopilación hecha por Jonathan Acosta, mi persona acá presente. Julio Jaramillo y Valentin Caruci a mediados del año 1972. Con una botella de brandi y tres cajetillas de cigarrillos, JJ entró al estudio de grabación para emprender una jornada maratónica: grabar 30 canciones en 12 horas. Caía la tarde en aquel Caracas de la década de los 70 cuando comenzó el reto. El compositor Valentín Carucí se tomaba un breve descanso luego de un día agitado. Esa mañana había puesto a punto las 30 pistas y gestionó los 30.000 dólares que Discomoda debía pagarle al artista por la producción. Era una tarde fría y tensa. Aunque Julio Jaramillo estaba acostumbrado a los retos, esta parecía una tarea imposible. No conocía ninguna de las canciones y no había tiempo para aprenderlas. Al día siguiente, el Ruiseñor de América debía partir a Nueva York, en un viaje impostergable. “Compadre, fúmese un cigarrillo”, le decía Julio a Carucí, con una tranquilidad que terminó por contagiarlo. Eran las 17:00, recuerda el compositor, cuando empezó a tararearle, por un audífono, los temas que de inmediato JJ iba grabando. Un cigarrillo se apagaba y otro se encendía, hasta que a las 05:00 del día siguiente, cantó el tema número 30. “Ya no fumo más”, fue lo primero que dijo Carucí al terminar el trabajo. Julio rió y respondió: “Estás loco, compadre”. “Fue un recorrido por la música venezolana, como un regalo para el país que él consideraba su segunda patria”, cuenta. Así fue. Estos tres LP (10 canciones cada uno) se convirtieron en un obsequio para su público de Venezuela. El último. Después de esa fría madrugada de 1972 ya nunca más regresó al país que lo acogió por más de 8 años y que lo esperaba cada vez que salía en sus largas giras. Carucí asegura que Julio Jaramillo fue el único extranjero que logró lo que ni Los Panchos pudieron: cantar igual o mejor que un venezolano la música autóctona de ese país, con el ritmo sincopado (efecto rítmico que inicia en tiempo débil y se prolonga al fuerte). “Nunca pensé que sería la última grabación aquí”, dice con nostalgia el compositor, quien además lo recuerda porque en ese país cantó Lamento Campesino, de su autoría. Julio Jaramillo hizo de este tema un éxito. Pero no fue con ese nombre con el que se dio a conocer. Con el olfato que tenía JJ para saber qué podía pegar, decidió que su público, en un concurso en radio Continente, escogiera el nombre. Y fue allí como surgió “Mire, comadre, mire”, que cuenta la historia de un campesino que ve cómo su hijo se va muriendo sin saber qué hacer. Las casas disqueras de Venezuela reconocen que Jaramillo era un hombre con un don artístico único. Con JJ no se perdía dinero en el estudio de grabación, asegura Gildardo Álvarez, de fonográfica Gilmar. No había que alquilar por tanto tiempo el lugar. Lo que a otros artistas les tomaba quince o veinte horas, con él se lo conseguía en cuatro o seis. En unas páginas cuidadosamente guardadas Gildardo conserva los títulos de más de 150 canciones que grabó con su disquera. Las tiene por orden alfabético: Amor por qué no vuelves, Alma de mi alma, Ansias, Azabache, Al retornar, Amor eterno. Estas ultimas canciones grabadas en Venezuela del LP "Julio Jaramillo en Caracas".