У нас вы можете посмотреть бесплатно Se molestó por la oración de su madre… sin imaginar que eso sería lo único que los salvaría. 😮 или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
A veces no entendemos el poder de algo tan sencillo como una oración… hasta el día en que la vida nos pone frente a situaciones que no podemos controlar. Hoy en día, mucha gente vive acelerada, estresada, llena de ruido, pensando que orar es una pérdida de tiempo o que es solo un acto antiguo que ya no tiene sentido. Pero la verdad es que la oración nunca fue para los perfectos, ni para los religiosos, ni para los que aparentan tenerlo todo bajo control. La oración es para los que sienten, para los que dudan, para los que cargan miedos, para los que caminan con heridas invisibles, para los que aman profundamente y no quieren perder aquello que les da razón de vivir. La oración no siempre cambia la situación, pero siempre cambia al corazón que la hace. Te da calma cuando todo afuera te grita que tengas miedo. Te da luz cuando la incertidumbre te ahoga. Te recuerda que no estás solo, que hay una fuerza que te sostiene incluso cuando tú mismo ya no puedes. Y, sobre todo, te conecta con la vida de una manera que no se puede explicar con palabras: te da paz antes de tener respuestas, te da fuerza antes de ver soluciones, y te da esperanza incluso cuando no entiendes nada. Muchas veces vemos a alguien orar y pensamos que exagera, o que es “demasiado espiritual”, pero jamás sabemos las batallas que esa persona está librando por dentro. Una oración puede ser un grito disfrazado de susurro, una lágrima hecha palabra, un “no puedo más” convertido en “ayúdame a seguir”. Y cuando una madre ora, cuando un padre ora, cuando alguien que te ama ora por ti, no está haciendo un ritual… está entregando tu nombre a la vida, a la protección, a la fe. Está pidiendo por ti cosas que nadie más ve: seguridad, camino, claridad, propósito, paz. No siempre valoramos esas oraciones. A veces las ignoramos, nos molestan, nos incomodan. Pero qué curioso… muchas de las cosas que nos han mantenido de pie hoy, fueron oraciones hechas por personas que quizá ni están con nosotros. Oraciones silenciosas, constantes, llenas de amor. Oraciones que se sienten pequeñas, pero que han detenido tragedias, han suavizado caminos y han protegido cuerpos y almas sin que nos demos cuenta. La oración no es magia. Es conexión. Es fuerza. Es entrega. Es reconocer que hay cosas que dependen de nosotros… y otras que no. Es un recordatorio de que la vida tiene misterios que no siempre vemos, pero que actúan a nuestro favor. Así que nunca subestimes el poder de la oración, ni la tuya, ni la de alguien que ora por ti. A veces ese pequeño acto que parece insignificante… es justo lo que sostiene tu historia cuando estuvo a punto de romperse. ¿Tú también has sentido alguna vez que una oración te salvó, te dio paz o te abrió un camino?