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Ayer vimos que Jesús no vino a encajar en los esquemas religiosos de su tiempo. No vino a ser un rabino prolijo, ni un maestro espiritual inofensivo, ni alguien que confirmara la tranquilidad religiosa de nadie. Jesús vino a dividir, tal como Él mismo lo anunció en el Evangelio de Mateo, y como Simeón lo había profetizado cuando dijo que este Niño sería signo de contradicción. Hoy, en este nuevo episodio del Catecismo en un Año de Catolicismo Sin Filtro, entramos en el punto donde el conflicto deja de ser interpretativo y se vuelve inevitable. Ya no se trata solo de la Ley mosaica, del sábado, del Templo de Jerusalén o de discusiones entre fariseos y escribas. El Catecismo de la Iglesia Católica nos lleva al núcleo más explosivo: la fe de Israel en el Dios único y Salvador. Siguiendo los numerales 587 al 594 del Catecismo, vemos cómo Jesús acepta convertirse en verdadera piedra de escándalo, no por errores menores, sino porque asume para sí la obra divina por excelencia: la redención y el perdón de los pecados. Aquí ya no hay zonas grises. Cuando Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores, cuando los llama amigos, cuando los admite al banquete mesiánico del Reino de Dios, está actuando como solo Dios puede actuar. El escándalo no fue simplemente que Jesús comiera con pecadores, algo que ya incomodaba profundamente a los fariseos. El verdadero problema aparece cuando Jesús perdona los pecados, provocando la pregunta decisiva: “¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?” Y esa pregunta atraviesa toda la historia del cristianismo. El Catecismo es claro: o Jesús blasfema haciéndose igual a Dios, o Jesús dice la verdad y revela en su persona el Nombre divino. No existe un punto intermedio. No puede ser solo un buen maestro, ni un profeta más dentro del judaísmo del siglo I. Por eso Jesús se presenta como uno con el Padre, pronuncia el “Yo Soy” del Éxodo, afirma ser más que el Templo, más que Jonás, más que Salomón, y exige una fe absoluta: “El que no está conmigo, está contra mí”. En este episodio profundizamos en la cristología católica, el misterio de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, la continuidad y superación de la Ley del Sinaí, el sentido definitivo del Templo como figura del Cuerpo de Cristo, y el motivo real por el cual Jesús fue condenado como blasfemo por el Sanedrín. No porque no lo entendieran, sino precisamente porque lo entendieron demasiado bien. Este capítulo del Catecismo no deja lugar para la neutralidad religiosa. Frente a Jesús no se puede simplemente admirar, analizar o relativizar. O se cree. O se rechaza. O se adora. O se crucifica. Y por eso Jesús fue —y sigue siendo— la piedra de escándalo que obliga a cada corazón a tomar partido. Arrancamos. #CatecismoEnUnAño #CatecismoDeLaIglesiaCatólica #Jesucristo #JesúsEsDios #Cristología #FeCatólica #Catolicismo #CatolicismoSinFiltro #Evangelio #Biblia #TeologíaCatólica #DoctrinaCatólica #JesúsYLosPecadores #PerdónDeLosPecados #PiedraDeEscándalo #YoSoy #ReinoDeDios #IglesiaCatólica #FormaciónCatólica #VerdadCatólica