У нас вы можете посмотреть бесплатно aprende a ingnorar el frio el hambre y la sed | ESTOICISMO или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
El frío, el hambre y la sed no son enemigos. Son mensajeros. La mayoría de las personas huye de ellos, los maldice, los teme. Pero el estoico los observa con calma, como quien escucha a un maestro severo pero honesto. Porque entiende algo que casi nadie quiere aceptar: no todo lo incómodo es malo, y no todo lo placentero es bueno. Vivimos en una época donde el confort se volvió una religión. Temperatura perfecta, comida inmediata, agua siempre disponible. Y cuanto más acostumbrado está el cuerpo a que nada falte, más débil se vuelve la mente. El estoico no busca sufrir por sufrir, pero tampoco se vuelve esclavo de la comodidad. Él entrena su carácter. Y para entrenarlo, aprende a ignorar —cuando es necesario— el frío, el hambre y la sed. No ignorarlos como un necio, sino como un sabio. Hay una diferencia enorme. El estoico se pregunta: ¿esto me destruye o solo me incomoda? Si solo incomoda, entonces es una oportunidad. Marco Aurelio escribió que la mente tiene el poder de convertir cualquier obstáculo en materia prima para la virtud. El frío se vuelve disciplina. El hambre se vuelve templanza. La sed se vuelve dominio propio. Nada de esto es épico en apariencia, pero es profundamente transformador. Piensa en esto: ¿cuántas veces tu día se arruina porque hace frío, porque no has comido aún, porque tienes sed? No porque realmente no puedas soportarlo, sino porque tu mente se queja sin parar. No es el cuerpo el que sufre primero, es la mente la que se rinde. El estoico entrena justo ahí. Imagina a un hombre caminando al amanecer. El aire es helado, corta la piel. Su estómago está vacío, y su boca seca. Podría volver a casa. Podría decir “no es el momento”, “mañana empiezo”, “me lo merezco”. Pero sigue caminando. No con rabia, no con orgullo, sino con serenidad. Cada paso es una afirmación silenciosa: no eres más fuerte que yo. Ese hombre no está castigándose. Se está recordando quién manda. Aquí va algo importante: ignorar no significa negar. El estoico siente el frío, pero no se queja. Siente el hambre, pero no se desespera. Siente la sed, pero no se vuelve esclavo de ella. La sensación existe, pero no gobierna. Epicteto lo dijo de forma clara: “No nos perturban las cosas, sino la opinión que tenemos sobre ellas”. El frío es solo frío. El hambre es solo hambre. La sed es solo sed. El sufrimiento extra lo crea tu diálogo interno. Escribe en los comentarios si alguna vez te diste cuenta de que lo que más te agotaba no era la situación, sino tu propia queja constante. Escríbelo, léete, y sé honesto contigo. El entrenamiento estoico empieza con pequeños actos. No se trata de dejar de comer días enteros ni exponerte irresponsablemente. Se trata de demorar la reacción. Sentir hambre y no correr de inmediato. Sentir frío y no huir al primer segundo. Sentir sed y no entrar en pánico. Ese espacio entre la sensación y la respuesta es donde nace la fortaleza. Porque ahí eliges. La mayoría vive en automático. El estoico vive en conciencia. Y la conciencia duele al principio, porque te das cuenta de cuán dependiente eras. Pero luego libera. Hay una antigua historia —no escrita en libros, pero repetida en espíritu— sobre un joven aprendiz que le preguntó a su maestro cómo podía volverse invencible. El maestro no respondió. Simplemente lo llevó a una montaña en invierno, sin abrigo extra. El joven temblaba, maldecía el viento, se enfurecía. El maestro, en silencio, se sentó. Horas después, el frío seguía ahí… pero el miedo no. El joven entendió algo sin palabras: el frío no se había ido, pero ya no lo dominaba. Ese es el punto. Cuando aprendes a ignorar estas sensaciones, no te vuelves insensible. Te vuelves libre. Libre de reaccionar como un animal, libre de que tu día, tus decisiones y tu carácter dependan de estímulos externos. No olvides suscribirte al canal, porque este tipo de enseñanzas no son comunes, y si las aplicas, literalmente pueden cambiar tu vida desde adentro hacia afuera. El hambre también enseña. Enseña gratitud. Enseña autocontrol. Enseña a diferenciar entre necesidad y capricho. Cuando comes solo porque “toca”, pierdes el respeto por la comida. Cuando comes después de esperar, cada bocado se vuelve consciente. El estoico no idolatra el placer; lo administra.