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ARQUEOLOGO ESTADOUNIDENSE COMPARA IMPERIO INCA VS IMPERIO AZTECA Y DESATA POLEMICA Unite a CyberGhost VPN: https://cyberghostvpn.com/THENoticias Durante una reciente conversación sobre arqueología americana, el arqueólogo y divulgador estadounidense Luke Caverns lanzó una comparación directa que no pasó desapercibida. Lejos de simplificaciones románticas o discursos ideológicos, Caverns explicó —con ejemplos concretos— por qué el Imperio inca y el Imperio azteca funcionaron bajo lógicas radicalmente distintas, y cómo esa diferencia sigue siendo malinterpretada incluso hoy. Dos imperios, dos formas de conquistar Según Caverns, el contraste no está solo en la arquitectura monumental o en la extensión territorial, sino en el método de expansión. Mientras que el mundo azteca consolidó su poder a través de la guerra permanente, la coerción y los sacrificios humanos, el modelo inca apostó por una estrategia más pragmática y, en muchos casos, integradora. En palabras del arqueólogo, cuando los incas llegaban a un poblado no lo hacían necesariamente para arrasarlo. Presentaban una alternativa clara: integrarse al imperio o quedar fuera de su esfera de protección. Si la comunidad aceptaba, el Estado inca movilizaba enormes contingentes de trabajadores para construir terrazas agrícolas, silos, caminos y centros administrativos. El resultado no era solo control político, sino producción de alimentos y estabilidad. El Valle Sagrado como prueba material Caverns subrayó que basta recorrer el Valle Sagrado para entender esta lógica. Las montañas enteras, de abajo hacia arriba, están transformadas en terrazas de piedra. No se trata de obras simbólicas, sino de una infraestructura agrícola colosal diseñada para alimentar a millones de personas. “Al final del viaje —explicó— el trabajo megalítico en piedra pasa a segundo plano. Lo verdaderamente impactante es comprender que cada montaña fue convertida en una granja”. Para Caverns, este hecho demuestra que el poder inca se sostenía tanto en la ingeniería y la organización social como en la autoridad militar. Alimentar para gobernar A diferencia del sistema azteca, basado en tributos y campañas bélicas constantes, el Imperio inca construyó su hegemonía sobre la seguridad alimentaria. El excedente permitía festividades regulares, redistribución en épocas de escasez y cohesión social. Caverns recordó que, según estimaciones conservadoras, el imperio llegó a sostener a entre 10 y 20 millones de personas, una cifra impresionante para un Estado preindustrial sin escritura alfabética ni rueda funcional. Este enfoque también explica por qué muchas comunidades aceptaban integrarse voluntariamente: el imperio no solo exigía, también proveía. Una lección incómoda para la historia oficial Para Luke Caverns, el problema no es comparar qué imperio fue “mejor” o “peor”, sino entender que no todos los modelos de poder antiguos funcionaban igual. Simplificar al Imperio inca como una versión más del expansionismo violento borra una de sus características más singulares: haber construido dominio a partir de la producción, la logística y la integración territorial. Su conclusión fue clara y provocadora: mientras unos imperios gobernaron sembrando miedo, otros lo hicieron sembrando alimentos. Y esa diferencia —sostiene— explica por qué el legado inca sigue sorprendiendo a arqueólogos, viajeros y estudiosos de todo el mundo.