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00:00 - 02:25 Introducción 02:26 - 03:36 Lectura del § 3 03:37 - 11:33 Comentario al § 3: Determinidad como actividad; carácter de la forma, contenido; sustancia y accidente en Hegel vs tradición (1ra aproximación) 11:34 - 12:24 Lectura de la nota al § 3 (1/3) 12:25 - 16:42 Comentario a la nota al § 3 (1/3) [Concepto vs Representación: (1ra aproximación en Hegel a "un" concepto) vs tradición y sentido común; grados de realidad en Hegel 16:43 - 17:32 Lectura de la nota al § 3 (2/3) 17:33 - 25:22 Comentario a la nota al § 3 (2/3): Pensamiento común "cosista"/representativo vs pensamiento puro/abstracto en Hegel; Análisis de ejemplo de Hegel: Pensamiento como determinidad del ente en términos ontológicos/ existenciales, cualitativos y cuantitativos [uso de la intencionalidad de la conciencia de modo ilustrativo] 25:23 - 26:36 Lectura de la nota al § 3 (3/3) 26:37 - 29:30 Comentario a la nota al § 3 (3/3): Pensamiento a modo del entendimiento como hábito, impaciencia y falta de rigor, "palo" a Schleiermacher, filósofos del sentimiento y a otros de la Popularphilosophie 29:31 - 32:50 Consideraciones finales, breve spoiler de los siguientes 2 vídeos. Texto comentado: §3 El contenido que llena nuestra conciencia, sea de la clase que sea, constituye la determinidad de los sentimientos, intuiciones, imágenes, representaciones, fines, obligaciones, etc., y [también] de los pensamientos y conceptos. Sentimiento, intuición, imagen, etc., son, por tanto, las formas de aquel contenido que permanece uno y el mismo al ser sentido, intuido, representado, querido, tanto si es meramente sentido, como si es sentido, intuido, etc., con mezcla de pensamiento o también si es pensado sin mezcla alguna. Bajo cualquiera de estas formas, o en la mezcla de varias, el contenido es el objeto de la conciencia. Pero dentro de esta objetividad también las determinidades de las formas compiten para llegar a contenido de manera que bajo cada una de las formas parece surgir un objeto particular y lo que en sí es lo mismo puede parecer un contenido distinto. Nota al §3: Como sea que las determinidades del sentimiento, de la intuición, del deseo, de la voluntad, etc., en tanto se es consciente de ellas, se pueden llamar en general representaciones, resulta que se puede decir de manera general que la filosofía pone pensamientos, categorías o, más exactamente, conceptos en el lugar de las representaciones. Las representaciones pueden ser vistas como metáforas de los pensamientos y de los conceptos. Ahora bien, por el hecho de tener representaciones, uno no conoce todavía su significado para el pensamiento, esto es, no conoce aún los pensamientos y conceptos de ellas. Y viceversa, tampoco es lo mismo tener pensamientos y conceptos que saber cuáles son las representaciones, intuiciones o sentimientos que les corresponden. Una parte de lo que se llama la incomprensibilidad de la filosofía tiene que ver con esto. La dificultad reside, por una parte, en la incapacidad (que es sólo falta de costumbre) de pensar abstractamente, esto es, de retener conceptos puros y de moverse entre ellos. En nuestra conciencia común los pensamientos se unen y contaminan con materiales sensibles y mentales corrientes y, al meditar, reflexionar y raciocinar, mezclamos los sentimientos, intuiciones o representaciones con pensamientos (en toda proposición con contenido enteramente sensible, p.e. «esta hoja es verde», se han introducido ya categorías como ser y singularidad). Otra cosa es empero tomar los pensamientos mismos como objeto, sin mezcla alguna.—La otra parte de la incomprensibilidad [de la filosofía] es la impaciencia por querer tener ante sí, bajo la forma de la representación, aquello que tenemos en la conciencia como pensamiento y concepto. Se oye decir con frecuencia que uno no sabe qué es lo que se debe pensar bajo el concepto que se ofrece; pero [es que] bajo un concepto no se debe pensar otra cosa que el concepto mismo. El sentido de aquella expresión es una cierta añoranza de una representación que fuese ya familiar y corriente; a la conciencia le ocurre como si al quitarle el modo de la representación se le quitara el suelo sobre el que se sostiene firmemente de modo habitual. Cuando se encuentra trasladada a la pura región de los conceptos no sabe en qué lugar del mundo se encuentra. Por ello, los escritores, predicadores, conferenciantes, etc., que cuentan a sus lectores u oyentes cosas que éstos ya saben de memoria, que les son habituales y se comprenden por sí mismas, resultan los más comprensibles de todos.