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Carlos Alsina analiza en su monólogo los resultados de la reunión en Salvador Illa y Carles Puigdemont de la que los participantes no han querido relevar mucha información. #psoe #pedrosánchez #illa #catalunya #bruselas 🔗 Más de uno, en ondacero.es: https://www.ondacero.es/programas/mas... Déjenme que les cuente una historia. (Es muy corta, ya verán). Había una vez un alcalde, en Villar del Río, pueblo de Castilla, que informado de que venían de visita los americanos, y persuadido para disfrazar a los vecinos de flamencos, y disfrazarse él mismo, creyó oportuno convocar al pueblo en la plaza y comparecer en el balcón para darles una explicación sobre aquella carnavalada. El alcalde de Villar del Río sabía que debía una explicación. Otra cosa es que a base de admitir que la debía acabar por no pagarla. El alcalde era tan de ficción como la condición flamenca de sus vecinos. Y el discurso circular del alcalde, Pepe Isbert, quedó como caricatura afilada de las comparecencias vacías de gobernantes confusos. Ignoro si Salvador Illa es berlanguiano —la política española sí que lo es— y si tendrá a bien emular al señor alcalde y asomarse en algún momento del día al balcón de la plaza de Sant Jaume para pagar a los ciudadanos la explicación que aún les debe. Sí que se la debe, sí. La explicación de por qué ahora sí y antes, no. La explicación de por qué ahora toca hacerle un mimo a esta rémora de nombre Puigdemont. La explicación de qué es lo que trató con él —qué trataron— en la hora y media de conversación que tuvieron a mil trescientos kilómetros del Parlamento de Cataluña. El señor Illa, que como presidente de la Generalitat se debe a todos los ciudadanos de Cataluña —esto que Puigdemont nunca entendió— sabe que no es de recibo pasarse un año rehuyendo, con razón, la foto con el malversador, y cambiar ahora de criterio, viajar a Bruselas, retratarse y echar la tarde para despachar después a la prensa haciéndose el mudo. Y por qué no las va a hacer. Por qué no las hizo pero sí publicó un tuit celebrando el buen ejemplo que habían dado Puigdemont y él dialogando. Dialogando sobre qué, president. ¿O sus gobernados no tienen derecho a saber? De momento, ni media explicación. La normalización era esto. El lenguaje corporal de los dos interlocutores, ayer, sentados en sus sillones y esperando a que se fueran los fotógrafos, era elocuente. Illa, la cabeza baja, incomodidad patente, como confesándose con el expatriado. O como si le hubieran puesto en el sillón un cojín de clavos. Y Puigdemont, sonriente. Jugando en casa. Más ancho que largo. Porque ha ensanchado desde que vive —y dice que trabaja— en Bruselas. Si a Zapatero le enviaron la foto, debió brotar de sus ojos una lágrima de emoción democrática. Se repite mucho en las crónicas y los análisis de la prensa que Illa fue a amnistiar políticamente al fugado. O a blanquearlo. Yo discrepo porque, a estas alturas, el PSOE (y el PSC) a Puigdemont lo tienen ya más que blanqueado. Ha llegado el blanqueador. Y porque a la expresión amnistía política le sobra el apellido. La amnistía nunca fue otra cosa que una operación política. Varias asociaciones judiciales han recriminado al presidente que hiciera imputaciones, sin concretar ni nombres ni razones, contra jueces en general que, según él, hacen política en lugar de impartir justicia. Siempre es revelador que un político profesional, que lleva toda la vida haciendo política, use esa expresión, hacer política, para denigrar a otros. Pero es sabido que así como el Gobierno no tolera que un juez utilice su juzgado para servir a intereses políticos —solo faltaba— se tolera a sí mismo, y no ve ningún problema, en utilizar la Moncloa y los ministerios para hacer imputaciones genéricas e intentar influir en procedimientos judiciales por estrictos intereses políticos y/o personales. Decisiones difíciles de entender, dice la portavoz, que, en efecto, alguna dificultad para entender las resoluciones judiciales ya ha demostrado. Desde luego, si los españoles dependieran de la ministra para saber qué decide, y por qué, la Audiencia Provincial de Madrid, por ejemplo, aviados estaban. Ustedes limítense a hacer justicia, dice el Gobierno, que yo también. Lleva año y medio el presidente decretando cada día absoluciones y condenas a su aire. Pues hace bien en creerlo porque cada uno cree lo que quiere. Y el Gobierno no necesita encuestas para predicar cada día que la inmensa mayoría de los españoles comparte lo que hace y lo que dice. ¿La inmensa mayoría cree que el hermano del presidente, o el fiscal García Ortiz, no debería ser juzgado? ¿Eso quién se lo ha dicho a la ministra, Tezanos?