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Cuando alguien escucha “borderline” suele imaginar impulsividad, “dramas” o manipulación. Esa caricatura hace daño y, sobre todo, confunde. En realidad, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es una condición psicológica caracterizada por dificultades persistentes para regular emociones intensas, mantener una imagen estable de sí mismo(a) y sostener relaciones sin que se activen ciclos de miedo, rabia, culpa o desesperación. Con tratamiento adecuado, muchas personas mejoran de forma significativa y logran vidas plenas. Es un patrón de larga duración (no un “mal día”) de inestabilidad emocional, relacional e impulsividad, que suele empezar hacia la adolescencia tardía o adultez temprana y aparece en distintos contextos (familia, pareja, trabajo). El problema central no es sentir mucho; es sentir tan intensamente y tan rápido que el cerebro entra en modo “emergencia”, y en ese estado se toman decisiones que luego generan más dolor. Señales frecuentes Los manuales diagnósticos describen varios posibles criterios; no todas las personas los tienen todos. De forma comprensible, lo que suele aparecer es: • Miedo intenso al abandono (real o imaginado) y esfuerzos desesperados por evitarlo. • Relaciones muy intensas, que pueden pasar de idealización (“eres lo máximo”) a desilusión (“me fallaste”) con rapidez. • Cambios marcados en la autoimagen: “no sé quién soy”, “me siento vacío(a)”. • Emociones muy intensas y cambiantes (ansiedad, ira, tristeza), a veces en cuestión de horas. • Impulsividad (gastos, sexo, consumo, conducción temeraria, atracones, etc.). • Autolesiones o conductas suicidas en algunos casos (siempre deben tomarse en serio). • Ira intensa o dificultad para controlarla. • Sensación crónica de vacío. • En situaciones de estrés: desconexión (disociación) o ideas paranoides transitorias. Importante: que alguien tenga dos o tres rasgos no significa automáticamente “TLP”. El diagnóstico requiere evaluación clínica completa. Esto no busca culpar a nadie: explica cómo se construye el problema y, por tanto, cómo se puede tratar. Diagnóstico: ¿quién lo hace y cómo? El diagnóstico debe hacerlo un profesional de salud mental (psicólogo clínico o psiquiatra) mediante: • entrevista clínica, • historia de vida, • evaluación de riesgos (autolesión/suicidio), • y, cuando hace falta, instrumentos estandarizados. A veces se confunde con depresión, trastorno bipolar, TEPT complejo, consumo de sustancias u otros cuadros. Por eso, la evaluación diferencial es clave. Tratamiento: lo que sí funciona (y lo que conviene evitar) La buena noticia: el tratamiento con mejor respaldo es la psicoterapia estructurada. Psicoterapias con mayor evidencia • Terapia Dialéctico-Conductual (DBT): enseña habilidades de regulación emocional, tolerancia al malestar, mindfulness e interacción efectiva. • Terapia Basada en la Mentalización (MBT): ayuda a entender mejor lo que uno siente y lo que el otro puede estar pensando/sintiendo, reduciendo reacciones impulsivas. • Otras terapias especializadas (según el caso y disponibilidad): terapia focalizada en la transferencia (TFP), terapia de esquemas, enfoques integrativos. ¿Y los medicamentos? No existe una “pastilla para el TLP” como tal. Los fármacos pueden usarse para síntomas asociados (depresión, ansiedad, insomnio, impulsividad) o comorbilidades, pero la base del tratamiento suele ser psicoterapéutica y planificada. ¿Cómo apoyar a un familiar o pareja con rasgos borderline? Estas ideas suelen ayudar más que discutir “quién tiene la razón” cuando el sistema nervioso está encendido: 1. Valida la emoción, sin validar la conducta dañina. “Entiendo que esto te duele muchísimo” + “no puedo aceptar insultos / autolesiones / amenazas”. 2. Habla en momentos de calma. Los acuerdos se construyen cuando no hay crisis. 3. Pon límites claros y consistentes. La inconsistencia dispara inseguridad. 4. Evita etiquetas (“eres manipulador/a”). Mejor describe conductas: “Cuando gritas, me retiro y retomamos luego”. 5. Fomenta tratamiento y plan de crisis. Tener un plan escrito reduce escaladas. 6. Cuida tu salud mental. Acompañar también desgasta: buscar orientación para familiares puede ser muy útil. Señales de alerta: cuándo buscar ayuda urgente Busca ayuda inmediata si hay: • amenazas o intentos de suicidio, • autolesiones, • consumo peligroso de sustancias, • violencia, • desconexión severa o pérdida de control. En esos casos, lo indicado es contactar servicios de emergencia locales o acudir a un servicio de urgencias. El TLP no es una identidad; es un conjunto de patrones aprendidos y reforzados por sensibilidad emocional y experiencias de vida. Con un tratamiento especializado, estructura, habilidades y apoyo, la historia puede cambiar.