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El 21 de abril de 2022, Carl Wayne Buntion fue ejecutado en Texas a los 78 años de edad, convirtiéndose en el reo más viejo en la historia del estado en recibir la inyección letal. Había pasado 32 años en el corredor de la muerte esperando este momento. Treinta y dos años sabiendo exactamente cómo y dónde moriría. Treinta y dos años en una celda de dos por tres metros, confinado 23 horas al día, envejeciendo lentamente hasta convertirse en un anciano frágil que necesitaba silla de ruedas y sufría de artritis, cirrosis, neumonía y múltiples enfermedades crónicas. Y el estado de Texas lo ejecutó de todas formas. Este análisis exhaustivo de crimen real documenta uno de los casos más controversiales de pena capital en Estados Unidos. No porque Carl fuera inocente—era culpable sin duda—sino porque plantea preguntas fundamentales sobre el sistema de justicia: ¿Por qué tardó más de tres décadas en ejecutarse la sentencia? ¿Tiene sentido ejecutar a un anciano enfermo que ya no representa peligro para nadie? ¿Es esto justicia o simplemente venganza retrasada? La historia comienza la noche del 27 de junio de 1990 en Houston, Texas. El oficial James Irby, veterano con casi 18 años de servicio, detuvo un vehículo por una infracción de tránsito rutinaria. Era una parada común. El tipo de cosa que los oficiales hacen docenas de veces cada turno. Irby había presentado su retiro apenas un mes antes. Planeaba dejar la policía para pasar más tiempo con su esposa y sus dos hijos pequeños de 3 años y 1 año. Esa noche nunca regresó a casa. En el asiento del pasajero del vehículo detenido estaba Carl Wayne Buntion, de 46 años. Sin provocación, sin advertencia, sin que el oficial hubiera hecho nada que justificara violencia, Carl sacó un revólver de cañón largo y le disparó directamente en la frente a James Irby. El oficial cayó inmediatamente. Y mientras yacía herido e indefenso en el pavimento, Carl se acercó y le disparó dos veces más en la espalda. Tres disparos fatales. James no tuvo oportunidad de defenderse ni de reaccionar. Este contenido de psicología criminal explora el perfil completo de Carl Wayne Buntion: su infancia marcada por violencia extrema donde presenció a su padre asesinar a un hombre y fue obligado a limpiar la escena siendo menor de edad, su larga historia criminal que incluía una condena previa en 1965 por intento de asesinato de otro oficial de policía, y el evento que lo transformó para siempre—la muerte de su hermano gemelo Kenneth en 1971 durante un tiroteo con la policía de Houston. En el funeral de Kenneth, Carl hizo una promesa: se vengaría de los oficiales que consideraba responsables. Durante los años siguientes, esa promesa se convirtió en obsesión. Le confesó a conocidos que sentía un impulso insaciable de matar al primer oficial que se cruzara en su camino. Y esa noche de junio de 1990, cumplió esa promesa. Carl fue sentenciado a muerte en enero de 1991. Pero su ejecución no ocurrió hasta 2022. ¿Por qué? El video analiza en detalle las razones legales: cómo su caso se enredó en cambios judiciales sobre instrucciones a jurados, cómo en 2009 su sentencia de muerte fue anulada y se ordenó un nuevo juicio de castigo que ocurrió en 2012, reiniciando todo el proceso de apelaciones desde cero. Sus abogados persiguieron cada vía legal disponible durante una década más. Para cuando llegó su fecha de ejecución, Carl era un anciano destruido físicamente. Sus abogados argumentaron que ejecutarlo en ese estado constituía castigo cruel e inusual. Que con neumonía, la inyección de pentobarbital sería más dolorosa al afectar directamente sus pulmones comprometidos. Las cortes rechazaron todos los argumentos. El día de la ejecución, decenas de oficiales en motocicleta se reunieron afuera de la unidad Walls en Huntsville para honrar a James Irby. El sonido fue tan fuerte que se escuchó dentro de la cámara de ejecución. La viuda de Irby, sus hijos ya adultos, el jefe de policía de Houston y el fiscal de distrito estuvieron presentes como testigos. Carl dio una declaración final extensa. Agradeció a quienes lo apoyaron, contó cómo un oficial llamado Michael Garrett le había llevado una Biblia una semana después del asesinato y cómo ese día encontró a Dios. Le pidió perdón a la familia Irby. Dijo esperar verlos en el cielo algún día. Luego recitó el Salmo 23 junto a su asesor espiritual mientras el pentobarbital comenzaba a fluir por sus venas. A las 6:26 PM comenzó la inyección. A las 6:39 PM, exactamente 13 minutos después, Carl Wayne Buntion fue pronunciado muerto. Treinta y dos años de espera terminaron en trece minutos. Si buscas análisis profundos de casos que cuestionan el sistema de justicia y exploran las zonas grises entre castigo y venganza, suscríbete a Atípico Mental. Aquí contamos las historias completas sin simplificar la complejidad moral de estos casos. ------ SEGMENTACIÓN: 00:00 Introducción 00:05 ultimos momentos de CARL WAYNE BUNTION