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Serie: Firmes en la fe 02: Fe equivocada “No se turbe el corazón de ustedes. Creen en Dios; crean también en mí”, Juan 14:1. 1. Introducción Hay una gran diferencia entre sólo creer con la mente (conocimiento) y creer con el corazón (fe). Lo primero es sólo intelectual, lo segundo mueve la voluntad. Los demonios también creen Dios (Stg. 2:19) –y saben mucho más de Dios que nosotros (obtendrían calificación perfecta en un examen de teología); pero no le son fieles porque no le aman. Al contrario, los demonios son hostiles a Dios. Son sus enemigos. Lo odian. No procuran una existencia en santidad y obediencia voluntaria a Dios. Así es el hombre natural que, si acaso, sólo cree en Dios con la mente, pero sin la fe bíblica que le transforma. En el fondo está en contra de Dios. Le resiste. No quiere obedecerle. La fe verdadera se demuestra en amor, obediencia y fidelidad. No es sólo creer en Dios, sino creerle a Dios. Por ello, no todos los tipos de fe agradan a Dios y no todos los tipos de fe tienen respuesta de Dios, porque no todos los tipos de fe son lo que dice Hebreos 11:1: la certeza y convicción de lo que esperamos, y que ahora no vemos: a Dios mismo. La fe en Dios no sólo es conocer, sino también es creer, confiar y esperar en Él. 2. Fe equivocada La gente puede tener fe –y mucha fe, pero, dependiendo en qué o en quién ponga su fe, puede tratarse de una fe equivocada. Por ello, no debemos poner nuestra fe: 2.1. En los ídolos: “Como ellos, son los que los hacen y todos los que en ellos confían”, Salmos 115:4-8. Es totalmente inútil confiar en que las personas fallecidas tienen poder para ayudarnos. La Biblia no provee ningún sustento para creerlo. Al contrario, la Biblia deja en claro que los muertos no se pueden relacionar con los vivos y viceversa. Lo mismo con los objetos: no tiene poder. 2.2. En las personas: “Así ha dicho el SEÑOR: “Maldito el hombre que confía en el hombre, que se apoya en lo humano y cuyo corazón se aparta del SEÑOR.”, Jeremías 17:5. No es pecado confiar en los hombres en lo natural. Ej.: fidelidad entre esposos. Pero sí cuando esa confianza nos aparta de confiar en Dios. Nuestra confianza en Dios debe estar por sobre todo y todos. 2.3. En nosotros mismos: “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.”, Prov. 3:5, 7. Esto es, cuando confiamos más en nuestras capacidades (fuerza, inteligencia, habilidad, etc.), olvidando que todo lo que somos y tenemos es por la gracia de Dios. 2.4. En los sueños: “Deléitate en el SEÑOR y él te concederá los anhelos de tu corazón.”, Salmos 37:4. Cierto que Dios puede hablar a través de sueños, pero no todos los sueños vienen de Dios. Por ello, nuestra fe debe estar en Dios y no en lo que soñamos. Nuestra vida no se debe mover por sueños, sino por obediencia. 2.5. En las obras: “Todas sus cosas sean hechas con amor.”, 1 Corintios 16:14. Pensar que Dios nos bendice por las obras que hacemos es cierto siempre y cuando las hagamos por amor a Él y al prójimo. Esto implica despojarnos de nosotros mismos y aún de nuestros beneficios personales. Cuando hacemos las cosas por amor, en realidad no nos interesan las recompensas materiales más que agradar a Dios. La fe por sí sola no es la que hace milagros, sino es Dios quien, en su soberana voluntad los hace, si Él así lo dispone. Puedo tener mucha fe en Dios y creer en Él y confiar el Él y esperar en Él, pero si mi petición no está conforme a Su voluntad, entonces no recibiré eso que pido, aunque tenga mucha fe. Dios nunca me va a conceder una petición que vaya en contra de Su Palabra. Hay situaciones adversas que Dios permitirá con el propósito de hacernos entender cuánto necesitamos depender de Él. 3. Fe correcta La fe por sí misma no tiene provecho, por muy grande y fuerte que sea, si se pone en la persona incorrecta. Así que, la fe correcta es la que se pone en Dios. La fe que descansa en la voluntad del Todopoderoso. No es la fe para hacer lo que nosotros queremos, si eso va en contra del propósito de Dios. Pero es la fe para que se haga lo que Dios quiere (Lc. 22:42). En eso encontraremos nuestra realización. 4. Oración Gracias Dios porque sólo Tú produces en nosotros la fe que es de tu agrado, la fe que es conforme a tu voluntad, buena, agradable y perfecta. Ayúdanos para no equivocarnos. Ayúdanos para poner nuestra fe sólo en ti, sabiendo que tus propósitos son más altos que los nuestros y que todo lo que haces es para tu gloria y para nuestro bien. En el nombre de Jesús, amén.