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Serie: Firmes en la fe 3: Hombres de poca fe “—¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”, Mateo 8:26. 1. Pasemos al otro lado Jesús y sus discípulos estaban en una barca en el mar de Galilea cuando “de repente se levantó una tempestad tan grande en el mar que las olas cubrían la barca” (v.24). Jesús dormía cuando esto pasó. Antes de este acontecimiento, Cristo realizó varios milagros ante ellos: sanó a un leproso (vs.1-4), al criado del centurión (vs.5-13), a la suegra de Pedro (vs.14-15), liberó endemoniados y sanó muchos enfermos (v.16). Los discípulos tenían evidencias suficientes para creer que Jesús era quien decía ser: Dios mismo. Además, fue Jesús quien les dijo “pasemos al otro lado” (Lc. 8:22; Mr. 4:35) y entró en la barca. Es decir, los discípulos estaban en esa barca porque Jesús les dijo que estuvieran ahí, junto a Él, para pasar al otro lado. Entonces, si Jesús había demostrado su poder y les dijo a sus discípulos “pasemos” ¿qué se esperaría que hicieran los discípulos? Tener fe en Él. Confiar que Él cumpliría lo que dijo. Tal vez no de forma tranquila, ni con el viento a favor. Tal vez naufragando, casi ahogándose; pero, si Él lo dijo, entonces llegarían al otro lado. Aplica: si estás en Cristo, Dios te ha prometido que pasarás al otro lado (eternidad), pero junto a Él. No ha dicho que el camino por delante será fácil. Al contrario: habrá peligros, tormentas que amenazarán tu vida y te harán sentir miedo. Pero, si Él lo dijo, da por hecho que así será: estarás con Él y Él contigo para siempre. Aplica: a veces nos pasa que vemos a nuestros problemas más grandes que nuestro Dios. Eso sucede porque tenemos la perspectiva incorrecta: ponemos a los problemas antes que a nuestro Dios. Si ponemos a Dios por delante, veremos que, en realidad, nuestros problemas son insignificantes comparados con Él. 2. Pedro camina sobre el agua En otra ocasión, estaban los discípulos en el mar de Galilea y vieron acercarse a Jesús caminado sobre el agua. Pedro le dice: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”, (Mt.14:28). Jesús responde: “ven”, (v.29). Así, Pedro camina sobre el “ven” de Jesús (entre los pies de Pedro y el mar estaba el “ven” de Jesús). Aplica: a veces, Dios te pedirá hacer algo que, humanamente, es imposible; pero al que cree… (Mr. 9:23). Cuando Pedro dejó de ver a Cristo para “ver el viento fuerte tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: —¡Señor, sálvame!”, v.30. Pedro, un experimentado pescador, ¡tuvo miedo al hundirse! Jesús le reclama: “—¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”, v.31. Qué consolador es que Jesús, a pesar del regaño y de la duda, no dejó que Pedro se hundiera, sino que lo sostuvo y juntos entraron a la barca. Aplica: Dios, en Su misericordia, aunque nos vea dudosos y débiles en la fe, no dejará que perezcamos. Él no nos rechaza por nuestra poca fe; pero nos exhorta a confiar más en Él para vencer las dudas. Si estamos en una situación así, entonces gritemos como Pedro: “¡Señor, sálvame!”. Él nos ayudará. 3. Conclusión La poca fe es entendible cuando se tiene poco conocimiento de Dios, pero es reprochable en aquellos que ya tienen tiempo en el Evangelio y no han madurado (Heb. 5:12). Cual sea la condición de cada uno, estamos llamados a crecer y a fortalecernos en la fe, para que ésta no sea poca en nosotros y Dios no nos reproche diciéndonos: “hombre/mujer de poca fe por qué dudas”.