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Hay lágrimas que nadie ve. Lágrimas que no caen frente a otros, que no se explican con palabras, que no buscan atención. Lágrimas que se esconden en la madrugada, en el baño, en la almohada, en el silencio. Y tal vez hoy necesitas escuchar esta verdad con claridad absoluta: Dios escucha cada lágrima. No solo las que caen… también las que se quedan atrapadas en el pecho. Hay dolores que no sabes cómo expresar. Situaciones que no sabes cómo explicar. Momentos donde no hay fuerzas ni siquiera para orar. Y aun así, Dios escucha. Porque Dios no necesita palabras para entender el corazón. Cuando lloras en silencio, Dios no está lejos. Está más cerca de lo que imaginas. Muchas personas creen que Dios solo escucha oraciones bien formuladas, palabras correctas, discursos largos. Pero la fe real entiende algo más profundo: una lágrima sincera es una oración poderosa. Tal vez hoy estás cansado de ser fuerte. Cansado de fingir que todo está bien. Cansado de cargar cosas que nadie más ve. Y aun así sigues aquí. Eso no es casualidad. Eso es porque Dios ha estado sosteniéndote incluso en medio del llanto. Escribe en los comentarios si alguna vez lloraste en silencio para que nadie te viera. No estás solo. Dios estuvo ahí contigo… y sigue ahí. Dios escucha la lágrima del que espera. La del que perdió. La del que se decepcionó. La del que ya no sabe qué más hacer. Y no las ignora. No las minimiza. No las olvida. Cada lágrima tiene memoria delante de Dios. Hay lágrimas que limpian el alma. Hay lágrimas que abren procesos. Hay lágrimas que preparan milagros. Porque lo que duele delante de Dios, no es en vano. Déjame contarte una historia corta. Había una persona que pasó meses llorando en silencio. No pedía nada, solo lloraba. Sentía que Dios no respondía. Un día entendió algo que cambió todo: Dios no había estado ausente, había estado escuchando. Y mientras esa persona lloraba, Dios estaba acomodando caminos que aún no se veían. Eso hace Dios: escucha antes de responder, sostiene antes de sanar. Si este mensaje ya tocó algo dentro de ti, no olvides suscribirte al canal. Aquí seguimos hablando de una fe real, profunda y honesta. Dios no te pide que no llores. Te pide que no te escondas de Él cuando llores. Porque cada lágrima que derramas delante de Dios se convierte en semilla de consuelo, de fortaleza, de esperanza. Respira. Permítete sentir. Permítete llorar. Porque hoy necesitas saber esto sin ninguna duda: Dios escucha cada lágrima… incluso las que nadie más ve. Hay un momento en el que el llanto deja de ser ruido y se convierte en lenguaje. Cuando ya no sabes qué decir, cuando las palabras se agotan, cuando la fuerza se acaba… las lágrimas hablan por ti. Y Dios las entiende todas. Porque Dios escucha cada lágrima, incluso las que caen cuando ya no tienes esperanza. Tal vez hoy te preguntas si vale la pena seguir creyendo, si Dios realmente ve tu dolor, si alguien se da cuenta de lo que estás pasando. Y déjame decirte algo con absoluta certeza: ninguna lágrima tuya es invisible para Dios. Dios no te escucha desde lejos. Te escucha de cerca. Tan cerca que conoce la razón de cada lágrima, aunque tú no sepas explicarla. Hay lágrimas de cansancio. Lágrimas de decepción. Lágrimas de pérdida. Lágrimas de miedo. Y todas tienen espacio en el corazón de Dios. Muchas veces creemos que llorar es señal de debilidad, pero delante de Dios es señal de verdad. Es el alma quitándose la armadura. Es el corazón diciendo: “No puedo más”. Y cuando llegas ahí, Dios no te juzga… te abraza. Si alguna vez sentiste culpa por llorar, escríbelo en los comentarios. Hoy necesitas saber que tus lágrimas no te alejan de Dios, te acercan. Hay lágrimas que no buscan solución inmediata, buscan consuelo. Y Dios sabe cuándo darte respuestas y cuándo simplemente acompañarte en silencio. Dios escucha cuando lloras sin saber por qué. Cuando el dolor es tan profundo que ni siquiera tiene nombre. Cuando sientes que algo se rompió dentro de ti y no sabes cómo repararlo.