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Cuando el alma pesa, el mundo encoge. Las cosas familiares se vuelven distantes, los pasillos parecen más largos, el pecho más estrecho. No estás fallando: estás vivo y atravesando una nube. La esperanza que hoy propongo no es un grito que ahogue la tormenta; es un farol que se enciende en el puerto para que regreses con calma. Primero, Presencia. Antes de explicar lo que sientes, permite sentirlo delante de Dios. Siéntate, baja los hombros, apoya los pies. Escribe una sola línea honesta: “Hoy me duele ___.” Respira despacio y susurra: “Señor, aquí estoy.” No fuerces consuelos—solo permanece. La presencia no resuelve en un minuto; ensancha el minuto hasta que el corazón vuelve a respirar dentro de él. “Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Sal 73:26) Luego, Servicio. La tristeza te encierra; servir te abre. No hablo de grandes gestos: cinco a diez minutos de utilidad concreta. Lava una taza, ordena un rincón, prepara una bebida a alguien, escribe un mensaje sincero: “Estoy contigo.” El servicio no maquilla el dolor; le da circulación, como abrir una ventana en una habitación cargada. El aire cambia; tú también. Después, Descanso. La esperanza no solo sube; también se acuesta. Cierra el día con un pequeño ritual: modo avión a la hora acordada, tres líneas (lo que honraste, lo que te desbordó, lo que ajustarás mañana) y una gratitud con nombre y apellido. Apaga la luz. Deja que la noche haga su trabajo secreto. “Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar.” (Mt 11:28) Finalmente, Rumbo. Coloca una hoja visible para los próximos 30 días con tres columnas sencillas: Ser, Servir, Hacer. En “Ser”, una práctica diaria verificable (10’ de oración, un salmo al amanecer). En “Servir”, una acción semanal concreta (visita, llamada, acompañar a alguien en silencio). En “Hacer”, tres pasos pequeños por semana que empujen tu vida hacia el bien. Cada ✓ no es una medalla: es un voto a favor de tu futuro. Cuando la mente hable en absolutos, habla tú en verdad y en pasos. “No hay salida” → “Hoy encuentro la primera puerta pequeña.” “Estoy solo” → “Dios está conmigo y buscaré un hermano.” “Todo está mal” → “Esto duele; hoy avanzo 1% con paz.” La lengua no niega la nube: la orienta. No necesitas sentirte fuerte para comenzar; necesitas ser fiel a lo pequeño que puedes hacer hoy: una línea, una respiración, un gesto, un cierre. La esperanza no es un resultado; es un camino que se pisa con pasos breves y verdaderos. “Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas.” (Is 40:31) A veces no vuelas: caminas. Y caminar también es sagrado. Si tu pecho está tenso, toma este minuto: di “aquí estoy”, escribe tu línea, sirve 5 minutos, prepara tu noche. Observa qué cede adentro cuando eliges presencia, servicio y descanso. La nube quizá no se vaya hoy, pero ya no manda sobre ti. Has encontrado rumbo. Aquí empieza tu esperanza activa. #esperanzaactiva #hombresdefe #dominioemocional #TristezaConRumbo #FePráctica #Respira446 #servicio #descanso #Visión30Días #PazConDirección #dios #disciplinayfe #crecimientopersonal #crecimientointerior