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MENSAJE SOBRE: “Los Pioneros de la Divina Voluntad en la Unidad” Reflexión del Padre Pablo Martin Sanguiao. UN CONGRESO SOBRE LA DIVINA VOLUNTAD, O SEA, SOBRE LA UNIDAD UN CONGRESO SOBRE LA DIVINA VOLUNTAD, O SEA, SOBRE LA UNIDAD Queridos hermanos, también en el Cielo la Santísima Trinidad está haciendo un congreso sobre su Divina Voluntad para celebrar su unidad en un sólo Querer. Todos somos invitados a tomar parte, como participan todos los Ángeles y los Santos, en primer lugar, nuestra Madre Santísima y con Ella “su pequeña Hija”, Luisa Piccarreta. Han pasado ya más de 30 años desde la apertura de la Causa de beatificación de Luisa Piccarreta y más de cien desde que ella escribió la misteriosa visión del largo camino que ha debido recorrer junto con Jesús, cuando en un cierto momento ella preguntó: “¿Cuánto camino nos falta?” y Él dijo: “Otras cien millas”. Era el 22 de marzo 1924 (volumen 16°). “…Y así ‒dice Luisa‒ hasta que hemos llegado a la ciudad”. Pienso que todos conocen o recuerdan ese texto. Y aparte toda posible interpretación, me parece un hecho la difusión por todas partes, sobre todo a partir del año pasado, de la Noticia de la “Divina Voluntad” y del nombre de Luisa. De algún modo da la sensación de que ya está “llegando a la Ciudad” y la Iglesia debe darse cuenta. Se extiende como una mancha de aceite y se multiplican los grupos, en particular para hacer juntos “las Horas de la Pasión”. Así nos ha llegado noticia, por ejemplo, de cientos de monjas en Tanzania que regularmente las hacen, mientras que un querido Arzobispo de esa nación africana está traduciendo los volúmenes del “Libro de Cielo” en su lengua, el swahili. Lo mismo está pasando en Rumania y en Polonia. Ya ha salido “el Sol”, ¿y quién lo va a parar o a controlar? ¿Quién de nosotros puede mirar el sol? ¿Quién de nosotros ha visto al Señor como lo veía Luisa? Pero todos deberían poder verlo reflejado en nosotros. La Fe entra por el oído, pero antes aún más por los ojos: “Señor, que quien me mire te vea, quien me escuche te oiga, quien me busque te encuentre”, para poder decir como El: “el que me ve a Mí, ve Aquel que me ha mandado” (Jn 12,45). Todos deberían poder ver el testimonio de nuestra vida, antes aún de oír lo que decimos o de leer lo que les damos. Es grande nuestra responsabilidad, para no dar con nuestro comportamiento un testimonio contrario a lo que decimos. Luisa llevaba escrito en su alma y en su vida lo que luego escribía en sus cuadernos. Sólo Dios conoce el corazón de cada uno y ese extenderse el gran Anuncio es para El motivo de tanta alegría en medio de tanto dolor. También lo es para nosotros, pero ver eso, más que un triunfalismo es una llamada a nuestra responsabilidad: “Al que mucho se le ha dado mucho le será pedido”. La Divina Voluntad no acaba en nosotros o en nuestro grupito: nadie debe detenerse en nosotros, sino, como dijo San Juan Bautista: “Él ha de crecer, y yo he de disminuir” (Jn 3,30). Como la Voluntad de Dios es Una, así su Acto, su Proyecto eterno es Uno: todo lo que ha salido de Dios ha de volver a Dios, se debe completar la circunferencia, y Él ha querido que eso dependa también de nosotros. No es casualidad que la palabra “Universo” signifique “hacia el Uno”. Se dice: “todos por uno, uno por todos”, y podemos añadir: “todos en Uno, Uno en todos”. Eso es el Proyecto de Dios, su “sueño de amor”. ¡Y se realizará! Cada uno de nosotros es único ante Dios. Cada uno ha venido al mundo él solo y cuando llegue la hora se irá él solo: ¿y los demás? Que cuando nos presentemos ante El y nos pregunte: ¿y los demás?, ¿dónde están?, respondamos: “Aquí están, Señor, los tengo a todos en mí, no falta ninguno, respondo por ellos”. Esa es la unidad en la que desea vernos, unidad en la diversidad de cada uno, unidad en el espíritu, que no es una asociación con normas. “Donde está el Espíritu del Señor, está la libertad” (2a Cor 3,17) Al final de su última Cena, Jesús oró, insistiendo al Padre por lo que tanto deseaba: nuestra unidad en la Verdad. (Jn 17,11 y 15-26) La unidad de sus hijos es como el ideal de Dios, su Proyecto de amor: Un sólo cuerpo, un sólo espíritu ‒como dice San Pablo‒, un sólo Querer, el de Dios. Unidad, que no significa uniformidad ni anulación de las personas. Por eso dice Luisa en su volumen 19°, el 15 de Mayo 1926. El enemigo infernal, “aquel que divide”, enemigo de la paz, trata de destruir la obra de Dios, dividiendo y poniendo a todos contra todos. Pero nada podría, si no estuviera también nuestro propio querer humano, que se manifiesta de tantas maneras. Por eso, con San Pablo digo (¡y parece escrito precisamente para nosotros!): (Rom 12,3-10). Para terminar, con San Pablo: (Ef 4,1-6). Este es mi mejor deseo, para vosotros y para mí. Con mi saludo fraterno en comunión, en la Voluntad de Dios. P. Pablo Martín Sanguiao