У нас вы можете посмотреть бесплатно Monólogo de Alsina: "Musculito Martínez y el club de los plomeros" или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
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Carlos Alsina señala las nuevas acusaciones de la fiscalía contra Leire Díez, a quien le imputa el intento de ejecución de un "plan delictivo" para desacreditar a la propia Fiscalía Anticorrupción y a la UCO. #españa #psoe #pedrosánchez #congreso #uco 🔗 Más, en ondacero.es: https://www.ondacero.es/programas/mas... A Eugenio Rolando Martínez sus amigos de juventud lo llamaban 'musculito'. 'Te daba un piñazo y te tiraba al suelo'. No tenía más misterio el apodo. Musculito Martínez era nacido en Artemisa, Cuba, pero hizo carrera con la CIA en los Estados Unidos. Nunca vio cumplido su sueño de derribar a Fidel, pero entretanto se dejó reclutar por Howard Hunt para una misión de política doméstica que consistía en conseguir munición para desacreditar a un enemigo público del gobierno. El gobierno Estados Unidos, 1972 era el de Nixon; y el enemigo público, Daniel Ellsberg, analista militar que había facilitado a la prensa un informe confidencial sobre la guerra de Vietnam. O sea, los papeles del Pentágono. A Musculito quien le gustaba era Nixon. Y quien le disgustaba era todo aquel que pusiera en apuros a Nixon. Allanaron la consulta del psiquiatra que trataba a Ellsberg en busca de informes sobre su estado mental con los que poder hundir su crédito ante la opinión pública. Después de la operación contra Ellsberg, fallida, llegó la que le acabaría reportando una cierta fama. Su tarea era allanar una oficina del Partido Demócrata y obtener pruebas de que Fidel estaba financiando al Partido Demócrata. La cosa salió regular y fue detenido con sus tres compañeros de trama. La prensa los bautizó primero como 'los ladrones de Watergate', pero después hizo fortuna esta otra forma de referirse a ellos: 'los plomeros'. En español de España, que no de América, habrían sido 'los fontaneros'. Agentes enviados a las cañerías en busca de munición para desacreditar a adversarios políticos. No sé cuántas películas habrá visto Leire Díez, pero sus estudios en fontanería desprenden más el aroma de los plomeros de Howard Hunt que el de los reporteros del Post Woodward y Berstein, por mucho que ella se presente a sí misma, no como fontanera sino como periodista de investigación. Y el aroma es más de los plomeros de Hunt que de los hombres y mujeres del presidente Bartlet en 'El ala oeste de la Casa Blanca'. Nunca hubo un Santos Cerdán en la serie de Aaron Sorkin. Ni un Koldo franqueando el paso de los despachos oficiales a tipos como Víctor de Aldama. La fontanería que investiga un juzgado de Madrid es la del estilo 'musculito'. Sin allanamientos, que se sepa, pero con artimañas diversas, amenazas veladas y ofertas difíciles de rechazar con el fin de obtener material con el que hacer naufragar causas judiciales y desacreditar a jueces y fiscales. Es muy de lapsus la vicepresidenta dos del Gobierno. Ella misma lo admite. A veces dice cosas que no es consciente, luego, de haber dicho. Gobierno de corrupción es como lo llama el PP, no el propio Gobierno. Creo. Ni siquiera en privado. Consumado el patinazo, la vicepresidenta hizo una cosa inteligente y otra que no lo es tanto. ¿La inteligente? Asumir la pifia y reírse un poco de sí misma. ¿La que no lo es tanto? Culpar al PP por su actitud gamberra en el Senado. Lo más interesante de ayer, en lo que respecta al Gobierno de coalición, fue en realidad la duda manifiesta sobre si cabe seguir llamando a esto coalición. En un nuevo episodio de esta matrimoniada infinita, y elevando un grado la disidencia interna, Sumar se lanzó ayer contra la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez. A quien invitó expresamente la portavoz parlamentaria de Sumar a quitarse de en medio y dejar paso a otra ministra, ministro o lo que sea. Esto no fue un lapsus. Fue una declaración nítida sobre la que ni caben ni hacen falta interpretaciones. 'Debería dejar paso a otra persona' solo significa una cosa: que dimita. Por eso fue enternecedor que la misma Verónica Barbero compareciera un rato después en Al Rojo Vivo y sostuviera que ella no había pedido que la ministra renunciara- Y aún más enternecedor resultó que después de haber pedido la dimisión, primero, y negado que la hubiera pedido, después, aún saliera el diputado de Sumar-Compromís, Ibáñez, a primera hora de la tarde para volver a pedirla. La coordinación de Sumar consigo mismo es admirable. No se entiende que las encuestas le estén dando un resultado tan corto que más que mengua quepa llamar desfondamiento. Pero la ministra de Vivienda se toma la arremetida (que no es la primera) con filosofía. Los grupos del Gobierno, se entiende. Del Gobierno de coalición, que no de corrupción. Pero vamos, que si se trata de llamar la atención, son más eficaces tres o cuatro lapsus de Yolanda Díaz que una rueda de prensa y dos entrevistas de Verónica Barbero.