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Jesús mío, me fundo en tu Divina Voluntad y entro en esta hora en que estás en medio de los soldados, abandonado, vendado, golpeado y cubierto de salivazos. En cada ultraje que recibes hago correr mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las ofensas cometidas contra tu Divinidad y tu Humanidad Santísima. Amor mío, entro en cada salivazo que cubre tu rostro y en cada uno imprimo mi correspondencia para reparar todas las impurezas, blasfemias y desprecios que las criaturas lanzan contra Ti, especialmente en la noche del pecado. Jesús vendado, entro en esa oscuridad que aceptas y hago correr mi “te amo” por todas las cegueras voluntarias que no quieren ver la verdad ni reconocer tu presencia. En cada golpe que hiere tu cabeza, en cada bofetada que resuena en tu rostro, imprimo mi “te adoro, te bendigo, te agradezco” por todas las violencias, odios y burlas que las criaturas se hacen unas a otras. Jesús mío, entro en tu silencio, en tu boca que no se abre para defenderse, y en ese silencio imprimo mi correspondencia por todas las palabras inútiles, ofensivas y destructoras. En tus lágrimas que limpian los salivazos hago correr mi amor por todas las veces que tu gracia ha querido limpiar a las almas y ellas han vuelto a ensuciarse. Jesús arrastrado y pisoteado, entro en cada empujón y en cada caída, e imprimo mi “te amo” por todas las veces que el hombre pisotea la dignidad de su hermano y la tuya en los más pequeños. Amor mío, entro en el dolor de tu Corazón herido por los pecados nocturnos, por los sacrilegios ocultos, por las traiciones escondidas en la sombra; en cada espina que atraviesa tu Corazón hago correr mi correspondencia por todas las ofensas cometidas contra tu Presencia sacramental. Jesús mío, entro en el temblor de tus miembros agotados y en cada estremecimiento imprimo mi “te amo” por todas las almas que no permanecen fieles en la prueba y abandonan el camino del amor. Me uno a tu paciencia infinita y en ella imprimo mi adoración por todas las rebeldías humanas. En tu mansedumbre imprimo mi agradecimiento por cada alma que aprenderá a sufrir en silencio por amor. Y desde este cuartel donde el Rey es tratado como harapo, pido que el Reino de tu Divina Voluntad venga a la tierra; que tu Luz reine en las inteligencias cegadas, que tu Amor transforme los corazones violentos, que tu Silencio venza el estrépito del mal. Jesús mío, me estrecho a tu Corazón junto con la Mamá Celestial y en cada latido tuyo hago correr el mío para que nunca estés solo en medio de los ultrajes. Te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco. Amén.