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Estar en el mundo sin ser del mundo Si algo caracteriza al ser humano, es el intento de encontrar mientras vive de su propia identidad “fuera” de lo que se percibe como real, en base a los sentidos físicos de que dispone nuestro cuerpo. ¿Por qué el ser humano se busca a sí mismo al margen de lo tangible? ¿Por qué no es suficiente el sentirse un ser humano, con un cuerpo humano, con una vida humana? ¿Por qué es la muerte, y lo que representa, algo tan inasumible por ese que se busca a sí mismo? ¿Qué dimensión, o naturaleza, buscamos incansablemente y que no vemos representarse en la vida humana? ¿Cual es la realidad que alcanzan los seres, o maestros, iluminados, que les hace sentirse realizados y radiantes de luz hasta tal punto que parece sobarles y capaces de repartirla a la humanidad entera? Esa inevitable tendencia a buscar lo que anhelamos, nos lleva a dedicar gran parte de nuestra vida a buscar lo que es natural para nuestro interior. En esa continua búsqueda (de uno mismo), evolucionamos de actividad en actividad alcanzando mayores sensaciones de estar más cerca y que a su vez vemos que nada podemos retener o mantener. Es un continuo soltar los logros desvanecidos para seguir el rastro de lo que es verdadero, nunca expresado en el espacio y el tiempo, hasta que contemplamos que ningún logro superará el filtro de nuestra muerte, mientras a su vez reconocemos que la naturaleza de nuestro interior anhela algo que no muere, que no pertenece ni al espacio, ni al tiempo. Muchos seres humanos escuchamos ese interior que no se interpreta, ni se percibe en lo que la vida en el cuerpo humano da de sí. De esa manera, perseguimos algo en respuesta a nuestra sensación interior de ser, que es netamente interior, pero que seguimos creyendo que podrá ser expresado o reconocido en algo exterior. Precisamente eso, es lo que nos vuelca a la dimensión espacio temporal y a la proyección del interior en el exterior, donde todo se expresa de forma reflejada y efímera. Algo en nuestro interior, que es uno mismo, no se encuentra reconocido en la vida biológica. En esa búsqueda en la dimensión exterior, espacio temporal, construimos una idea de la realidad basada el la percepción del ,mundo biológico, unido al efecto de relacionarnos a través de nuestro cuerpo y al acopio de cultura con la que nos encontramos, junto con toda nuestra elaboración personal en base a todo ello. De todo ese cúmulo cambiante y efímero surge un conglomerado a lo que llamamos nuestro yo, nuestra idea de ser, nuestra expresión humana. Activamos una mente/pensamiento como el recurso más afinado de procesar y entender la vida y su supuesta realidad, aunque vayamos dando de lado cada uno de sus logros hasta la extenuación y la comprensión que mirando fuera no encontraremos lo que buscamos, sino que es el ser interior que busca la única realidad. Nuestro interior impulsa a nuestro espacio mental a ir en la línea de extraer una comprensión de lo real, pretendiendo que ese construyó sea propiamente la realidad capturada y envasada en nuestra mente, mientras realmente nuestra verdad es el observador que activa y sostiene el discurso en la pantalla. Nuestro interior, que existe, tiene la imperiosa necesidad de reconocerse en algo y en la práctica, nos empeñamos en que eso que somos sea comprensible. Hasta que nos damos cuenta de que un ser no puede verse a sí mismo fuera de uno mismo. Solo podemos ser si permanecemos dentro. Jamás una imagen creada de uno mismo en nuestra pantalla mental podrá ser “uno mismo”. Nuevamente el ejemplo de mirarse al espejo para verse a uno mismo no permite ser la Gerda que somos. Lo que vemos siempre es una imagen creada. El ser real, solo puede ser real, cuando está en sí mismo. Bo podemos estar integrados con la Verdad mientras la estemos buscando fuera, máxime, porque la Verdad es la Unidad. Cuando reconocemos que somos una realidad en el interior y dejamos de intentar obtener la sensación de realidad fuera de nosotros, es cuando comienza verdaderamente el camino de reencuentro con lo real, el camino interior. Trasladar esta cuestión a la vida humana es algo realmente difícil y complejo, porque es necesario contemplar a nuestro interior como algo completo y absoluto, que no necesita más referencias desde lo que observamos en lo humano. No es de extrañar que se diga la expresión: “Estar en el mundo sin ser del mundo”. En intento de expresar nuestra realidad interior en el mundo humano nos resulta frustrante porque realmente el interior no puede expresarse en modo alguno. Únicamente podemos sostener nuestra sensación sin intentar que nuestra manifestación externa nos contenga. Es decir, nuestro reconocimiento interior a de permanecer ajeno a lo que ocurre o se comparte. Uno puede decidir servir en lo humano, siendo completamente el interior. “Estar en el mundo sin ser de este mundo”. Continúa,.....