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Saludos del P. Alvaro Sáenz Zúñiga y el diácono Mauricio Fernández Rojas. El señor Jesús trae entre manos una tarea urgente e importante, ajustar los diez mandamientos de la ley de Moisés para que expresen mejor lo que Dios quiere inculcar en el corazón humano. No se trata de ampliar la ley y hacerla más correctiva o acuciosa sino de hacerla más precisa y expresiva para mostrarnos un camino concreto. Y Jesús utilizará una herramienta muy útil. Va a decirnos: “ustedes oyeron esto, pero yo les digo esto otro”. Jesús es el único profeta de la historia de la humanidad que se predica a sí mismo y aquí vemos posiblemente en el momento más claro de ese protagonismo, cuando en la montaña actúa como Dios y habla como Dios, modificando la ley de Dios y dándole una fluidez extraordinaria. Jesús va a simplificarla, quitándole elementos sobrantes, como la expresión más típica del ser humano, ese: “no” tan reiterado. Con tanto “no-“ el ser humano terminaba haciendo lo que le daba la gana. No, en adelante el señor Jesús nos propone lo que tenemos que hacer, poniendo en práctica la esencia de Dios que hay en nosotros por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, que nos hace las púnicas criaturas del universo capaces de amar. Todo podría sintetizarse en la frase de Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Jesús quiere que entendamos que el amor es la síntesis de todo y la altura máxima, seremos como Dios y someteremos la tierra, no con violencia sino con amor. Por eso el Eclesiástico nos dice “Si quieres”, porque cada cual esco0ge lo que decide. Ante nosotros están la vida y la muerte y a cada uno se le dará lo que prefiera. Dios ama a aquel que se somete a su voluntad, pero nos deja libres. El salmo dirá: “Dichoso el que camina de la voluntad del Señor”, mientras que San Pablo dice que la sabiduría que ha anunciado no es de este mundo sino de Dios misteriosa y secreta, algo que nadie vio ni oyó. El anuncia aquello que Dios preparó para los que lo aman.