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Saludos del P. Alvaro Sáenz y el diácono Mauricio Fernández Rojas. Cada I domingo de Cuaresma la Iglesia nos propone las tentaciones de Jesucristo en el desierto. La tentación no es pecado, pero está presente en nuestras vidas, proponiéndonos cosas contrarias al querer divino y afectando nuestras relaciones humanas. Nos sugiere ese gesto, movimiento, determinación o idea que podría afectar a quienes están cerca. La tentación va a la base del ser humano y eso la complica todo pues a veces creemos estar frente a cosas importantes y en realidad son fantasmas. Por eso la primera lectura hoy es Génesis, proponiendo el momento en que la serpiente plantea a la mujer comer del fruto del árbol prohibido, sugiriendo subterfugios y errores. A pesar de que la claridad que ella tiene, la serpiente termina por convencerla. Ella come, da a su marido que también come y pierden los dones de Dios: integridad, sensatez, claridad, la vida misma, para sumirse en un mundo de angustia y profunda oscuridad, el mundo de la caída, del tropiezo, del error y de la muerte. San Pablo, en la segunda lectura, dice que si por un hombre entre el pecado en el mundo y con el pecado la muerte, por un hombre vendría la restauración del ser humano pues el redentor nos saca de la muerte y nos devuelve la vida que Dios nos tenía preparada. La salvación nos viene por aquel que, siendo Dios, asume nuestra naturaleza humana y enfrenta nuestra vida, incluidas las tentaciones. Las tentaciones según San Mateo tienen tres direcciones: un problema personal, el hambre. Porque puede hacerlo, podría convertir en pan una piedra. La segunda probar que es importante a los ojos de Dios. Para ello debe intentar suicidarse. La tercera es muy común hoy, pretender el punto más alto del éxito abandonando a Dios y sometiéndome a las exigencias del demonio, adorándolo. ¿Cuántos hacen eso hoy, en el siglo XXI, cuando toda superstición y barbarie humana habían quedado atrás? Hoy hay culto satánico, ritos abominables, asumidos incluso por gente exitosa y triunfadora. ¿Será que quieren garantizarse mejores resultados? Dar culto al demonio es hoy menos raro que nunca. Cristo nos da ejemplo. Lo primero, no trabar amistad con Satanás. Lo segundo consagrarse, por la Sagrada Escritura a mantener en nuestra mente aquellos criterios que nos permitan ser fieles a Dios. Lo tercero, que si Dios no nos da triunfos espectaculares aquí es porque nos los dará en el cielo. Cuarto, vivir nuestra vida imitando a Cristo, poniéndonos en las manos amorosas del Padre Celestial. Como sucedió con Cristo, el Padre enviará sus ángeles a servirnos.