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7. “Convertir” limitaciones en defectos: ¡poner trabas a la felicidad! (Cómo asegurar una educación eficaz). Hemos de aceptar con gozo las limitaciones de nuestros hijos, y enseñarles a hacer otro tanto: a aceptar sus propias limitaciones. En sí misma, la limitación —tal como aquí la trato— no es negativa, sino más bien neutra. Pero podemos transformarlas en algo negativo si nos empeñamos en pedir a nuestro hijo lo que no puede dar. Por ejemplo, “forzándolo” a elegir y desempeñar una profesión para la que no está dotado. Es bueno conocer y respetar las aficiones de nuestros hijos, en lugar de intentar imponerle nuestras propias aficiones. El uso del verbo ser para referirnos a una limitación o un defecto —eres un manazas, un desordenado, etc.— puede hacer que ese déficit “se convierta” en algo estable en la conducta de nuestros hijos. Lo mismo sucede con ciertos adverbios —siempre, nunca—, que otorgan un valor absoluto al verbo al que acompañan. También nuestro modo de pensar influye en la educación de nuestros hijos: por eso, hemos de esforzarnos en “pensar” positivamente, sin subrayar, tampoco en nuestro interior, los rasgos menos favorables de una persona o situación. Es muy oportuno distinguir la persona de su comportamiento. A la persona nunca hay que juzgarla. Los comportamientos sí que pueden enjuiciarse, aunque de ordinario salvando la intención de quien actúa (que nunca podremos conocer completamente y sin posibilidad de duda). También puede ser eficaz utilizar el “camino contrario”, yendo de la palabra al pensamiento, para mejorar nuestro modo de pensar: si tendemos a hacer juicios fuertes y tajantes, moderando y suavizando nuestra expresión oral podemos influir de manera indirecta sobre nuestros propios juicios y nuestra manera de ver la realidad.