У нас вы можете посмотреть бесплатно 976 La bondad surge cuando dejas de protegerte. или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Hoy no vamos a hablar de cómo ser buenas personas, ni de cómo practicar la bondad como una obligación moral. Hoy te propongo que te olvides de todo eso. Porque la bondad verdadera no se construye ni se fuerza. No nace del esfuerzo por parecer mejores, ni de una estrategia para ser aceptadas o aceptados. La bondad, la real, brota sola, como un manantial cuando algo profundo dentro de ti se libera. Y eso ocurre cuando dejas de protegerte tanto. Durante años, quizás durante toda tu vida, has aprendido a contener tus emociones, a guardarte lo que sientes, a construir capas que te den una falsa sensación de seguridad. Y sí, es verdad: protegerte así te ha salvado en muchas ocasiones. Pero llega un punto en el camino en el que esa protección se vuelve cárcel. Porque lo que antes era útil, ahora solo te aísla, te enfría, te desconecta. Y lo más importante: te impide ser tú. No se trata de abrirte con todo el mundo en todo momento. Se trata de reconocer que tu vulnerabilidad no es una debilidad. Es, en realidad, el canal a través del cual el amor del alma empieza a fluir. Cuando decides no luchar más, cuando dejas de salir cada día al mundo con las armas del ego —la fuerza, la lógica, el control, la exigencia—, y simplemente expresas lo que de verdad estás sintiendo, algo poderoso sucede. No haces daño. No te rompes. Te liberas. Decir “me duele”, “me siento perdida”, “necesito compañía” o incluso “me da miedo mostrarme”, no te quita valor. Al contrario, te humaniza. Y en esa expresión sencilla y sin objetivos, comienzas a aligerarte. Es como si dejaras de sostener un peso que llevabas años arrastrando. Y cuando eso sucede, tu cuerpo lo nota, tu energía cambia, y tu alma empieza a respirar. Lo que antes reprimías —y que muchas veces se manifestaba en el cuerpo como dolencias, bloqueos o cansancio— comienza a transformarse. Y tras ese acto de sinceridad contigo misma, contigo mismo, empieza a emerger algo que no puedes fingir ni forzar: tu bondad natural. Esa bondad no es la que “queda bien”, ni la que espera aplausos. Es una bondad compasiva, comprensiva, profunda. Una mirada suave hacia ti, hacia las demás personas, hacia la vida entera. Una sensibilidad que reconoce el dolor del otro, porque ya has abrazado el tuyo bates. Y desde ahí, sin esfuerzo, sin buscarlo, comienzas a irradiar esa bondad que no pretende cambiar a nadie, solo estar. Presente. Humana. Real. Tres pasos para cultivar esa liberación que abre la puerta a tu bondad: 1. Cada vez que sientas la necesidad de “protegerte”, pregúntate suavemente: ¿de qué me estoy defendiendo en realidad? 2. Elige un momento del día para escribir o expresar con honestidad lo que estás sintiendo, sin filtros, sin juicio, sin intención de resolverlo. 3. Cuando lo expresado traiga calma o alivio, no lo cortes ahí. Quédate unos minutos en silencio y siente cómo el corazón comienza a abrirse por sí solo. Recuerda: la bondad no se fabrica, se revela. Y solo puede revelarse cuando tu corazón deja de esconderse. Permítete ser. Y todo lo demás vendrá dado por añadidura Muchas gracias 🙏🏻 #BondadNatural #SerVulnerableEsSerLibre #ExpresarEsSanar #CorazónAbierto #LiberaciónInterior