У нас вы можете посмотреть бесплатно Sin decirle nada a mi familia, un día me fui a emprender un viaje de sanación или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Sin decirle nada a mi familia, un día me fui a emprender un viaje de sanación para ser la mejor esposa y madre posible. Pero cuando volví dos años después, nadie me quería cerca. Ni siquiera mi esposo quien juró amarme siempre. La puerta de mi propia casa estaba ahí, a dos metros de mí, y aun así me sentí como si estuviera mirando un museo cerrado. Javier, mi esposo, ni siquiera levantó la voz, solo me miró con una frialdad que jamás le había visto y me dejó fuera del jardín como si yo fuera una desconocida. En ese instante entendí que mi regreso no iba a ser un reencuentro, sino una guerra silenciosa, y necesito ordenar el origen de todo esto para que se entienda. Javier y yo llevábamos cinco años de matrimonio, y si alguien me preguntaba antes, yo habría dicho sin dudar que teníamos una vida de postal. Vivíamos en una casa en las afueras, con jardín, con rutinas bonitas, con una niña de tres años que era literalmente el centro del universo doméstico. Él era de esos hombres que se levantan temprano, revisan que el auto tenga gasolina, pagan a tiempo y creen que la estabilidad es el máximo acto de amor. Yo también cumplía mi parte, porque siempre he sabido sostener un hogar con estética y con orden, y porque me gustaba sentir que nuestra vida era “la prueba” de que habíamos elegido bien. Al principio, lo que más me enamoró de Javier fue que no era caótico, era predecible en el buen sentido, y esa previsibilidad me daba una calma que yo confundía con plenitud. La dinámica entre nosotros era clara desde el inicio, y a la gente le encantaba porque se veía equilibrada. Javier era el motor logístico y el proveedor constante, y yo era la que mantenía el clima emocional y la presentación del hogar. A él le gustaba sentir que todo estaba bajo control, y yo sabía exactamente cómo mantenerlo tranquilo: horarios, comidas, planes familiares, fechas especiales sin fallas. No es que yo no tuviera ambición, es que yo creía que mi ambición era convertirnos en una familia impecable, sin grietas visibles. Nuestra hija, con sus rutinas y sus juegos, nos obligaba a sincronizarnos, y la verdad es que Javier lo hacía bien, estaba presente de una manera práctica y real. Incluso cuando discutíamos, él no explotaba, él razonaba, y eso hacía que cualquiera empatizara con él porque se veía como el adulto responsable. 0:00 Historia principal 9:25 Comentarios de la historia principal 11:00 Actualización 1 20:03 Comentarios de la actualización 1 21:54 Actualización 2 31:30 Comentarios de la actualización 2 33:15 Actualización 3 42:13 Comentarios de la actualización 3