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Saludos del P. Alvaro Sáenz Zúñiga y el diácono Mauricio Fernández Rojas. Porque nuestro amigo el diácono Mauricio Fernández Rojas no estaba en el país, debimos sustituir su presencia física con una imagen fija. Eso sucederá un par de semanas más porque seguiremos adelante pesar de su ausencia. Queremos mejorar nuestras publicaciones y dar una mejor oportunidad de comunicación con usted, que es la persona que más nos interesa, para ayudarlo a creer en Cristo. Este IV domingo concluimos el Adviento y nos preparamos ansiosos al encuentro con Cristo que llega. Por eso el centro de este domingo es ese binomio perfecto de María y de José, el cual describo como una medalla de dos caras que nos explica perfectamente el aporte de ambos miembros de la legendaria pareja al poner en movimiento el mecanismo que hizo posible que el Hijo eterno del Padre Celestial tomará nuestra carne y viviera humanamente. La primera lectura es la propuesta del profeta Isaías ante la inminente invasión de los babilonios. Jerusalén está aterrorizada y la propuesta de Dios, un poco incomprensible, es de una doncella, o sea, una joven virgen desposada, que dará a luz un hijo que será “Dios con nosotros”. El Evangelio sugiere que es 700 años después cuando la fascinante profecía se cumple. Una doncella de Nazaret de Galilea ha sido elegida por Dios como madre de su Hijo. No obstante, comprendamos que para que el Mesías sea Mesías no sólo debe tener una naturaleza humana completa y perfecta. Eso no sería suficiente. Según la constante tradición hebrea, el Mesías debía ser descendiente de David. De allí la importancia de José, porque, al ser descendiente de la casa real de David, podría aportar al Niño que ese entronque esencial. Por eso decimos que, mientras María permite al Niño la naturaleza humana, José asumiría un simple gesto maravilloso, el de acoger como hijo a este Hijo de Dios, precisamente adoptándolo. Con ello Jesús podrá vivir como ser humano en la tierra siendo hijo de David. Según señala San Pablo a los romanos, así podrá manifestarse en nuestra carne, entregarse a la muerte y ser beneficiado con la resurrección. De hecho, Pablo dice claramente que Jesús es “nacido de la estirpe de David según la carne”. Ya estamos listos para ese encuentro con Cristo, celebremos la Navidad no como una fiesta pagana y excesiva sino como un encuentro personal con Cristo que viene.