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Un Solo Pedido Una sola cosa he demandado al Señor, esta buscaré: que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor e inquirir en su templo (Salmo 27:4). Supongamos que solo tienes derecho a un deseo. ¿Qué pedirías? ¿Belleza? ¿Fama? ¿Riqueza? David no eligió nada de eso. En realidad, pidió algo bastante inusual: vivir en la casa del Señor. Digo inusual porque actualmente la mayoría de las personas ni siquiera puede pasar unas pocas horas en la iglesia. Para muchos, la presencia de Dios incomoda. Sin embargo, para David, ese era el mayor de los privilegios. Pero ¿por qué? El versículo de hoy presenta dos razones. David quería vivir en la casa del Señor, en primer lugar, para contemplar la belleza de Dios. En la época de este gran rey, la casa de Dios era el Tabernáculo, una especie de tienda móvil construida en los días de Moisés (Éxo. 25:8). Era una miniatura del Santuario celestial, el "verdadero santuario" (Heb. 8:2). Era un lugar de sofisticación y refinamiento, diferente de la árida realidad del desierto. Todos los detalles estéticos estaban cuidadosamente elaborados y hoy seguramente causarían admiración en los más grandes arquitectos y diseñadores de interiores. Para hacer el Tabernáculo se utilizaron cerca de una tonelada de oro y cuatro toneladas de plata. Además, madera de acacia, pieles de animales y finos tejidos de lino sirvieron de materia prima para la creación del mobiliario. Lo más espectacular, sin embargo, no era lo que saltaba a la vista, sino lo que cada parte del Santuario representaba: la bondad de Dios en su trato con el pecador. Todo en el Santuario apuntaba a la belleza del carácter de Dios, y en este ambiente era donde David quería permanecer para siempre (Sal. 23:6). El segundo motivo por el que David quería vivir en el Tabernáculo divino era para meditar en el Señor. El término "meditar" aquí significa disfrutar de tiempo de calidad y reflexionar sobre Dios y sus verdades. A David le encantaba estar en la presencia del Eterno. El foco de su vida estaba puesto en el Señor. Este es el motivo por el que la Biblia lo describe como un hombre conforme al corazón de Dios (1 Sam. 13:14), porque su corazón latía junto al corazón del Padre. ¿Y tú? ¿Qué le pediste al Señor? ¿Prefieres las bendiciones de Dios o al Dios de las bendiciones? Que tu pedido sea el mismo que el de David: vivir para siempre en la casa del Señor.