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Quería pasar con mi amante en san Valentín, así que le pagué a dos personas para que se disfracen de policía y finjan que me arrestan. Todo iba bien hasta que mi esposo fue a la comisaría con dos camarógrafos de televisión a exigir que me liberen. Yo estaba en el piso frío, con la cara medio pegada a una baldosa sucia, mientras un tipo con uniforme me apuntaba con una linterna como si yo fuera una delincuente real. Afuera, la gente gritaba, y yo escuchaba una cuenta regresiva en mi cabeza que no coincidía con nada, excepto con mi propia paciencia rompiéndose. Lo último que vi antes de que todo se saliera de control fue a Bruno entrando como un toro, con dos camarógrafos detrás, y entendí que esta vez el caos venía con micrófono. Bruno y yo llevamos cuatro años de casados, y si algo aprendí en ese tiempo es que él no ama, él vigila. Lo dice con esa voz dulce de “me preocupo por ti”, pero la preocupación le sale como control, como si su cariño fuera una correa elegante. Al principio era hasta tierno, esa idea de que yo era “su mundo” y que él quería “cuidarme” de todo, de la calle, de la gente, de mis decisiones. Yo lo miraba y pensaba: perfecto, un hombre que se delata solo, porque quien se cree guardián también cree que tiene derecho a preguntar. Y yo, sinceramente, siempre he sido buena respondiendo lo que conviene. Nos conocimos en una fiesta de un amigo en común, de esas reuniones donde todos fingen que se conocen de años. Bruno fue el que se me acercó con la bebida correcta, el tipo correcto de atención y ese aire de hombre serio que parece seguro de sí mismo. Me habló de estabilidad, de futuro, de “hacer las cosas bien”, como si eso fuera una oferta romántica y no un contrato. Yo estaba en un momento donde me cansaba la improvisación emocional de los novios de paso, así que un hombre que ofrecía estructura parecía una inversión razonable. Además, tenía esa obsesión con los detalles: recordaba fechas, nombres, cosas pequeñas que la gente usa para parecer profunda. Él lo hacía con tanta convicción que, por un rato, me dio la ilusión de que yo era lo más importante en su vida. Y yo disfruto esa ilusión, no voy a mentir. Cuando empezamos a salir, él proponía todo en formato plan. Plan para cenar, plan para viajar, plan para “protegernos” de tal barrio o tal gente. 0:00 Historia principal 8:01 Comentarios de la historia principal 9:06 Actualización 1 13:37 Comentarios de la actualización 1 14:45 Actualización 2 21:09 Comentarios de la actualización 2 22:14 Actualización 3 28:00 Comentarios de la actualización 3