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Le dije a mi amante que venga mientras mi novio se iba a trabajar de Uber porque necesitaba dinero extra para su mamá enferma. Pero tuve muy mala suerte y mi novio le hizo la carrera a mi amante hasta mi casa. Lo primero que vi fue a mi novio bajándose de un Uber con cara de incendio, y detrás de él, como si el universo se estuviera burlando de mí, bajó Julián con su mochilita y su sonrisa de “todo está bien”. El aire se me pegó en la garganta, porque era literalmente el peor timing posible, la peor puerta, la peor escena. Y aun así, de alguna manera, el que empezó a actuar como si yo fuera un monstruo fue Nico. Si quieres entender por qué esto terminó en un escándalo absurdo, déjame ordenar el inicio de esta historia sin que me interrumpan con “tonitos”. Nico y yo llevábamos tres años juntos y, por mucho tiempo, yo me sentí afortunada de haber encontrado a alguien que se viera tan estable por fuera. Él siempre fue de los que se creen héroes silenciosos, de los que no piden nada, de los que “aguantan” y se enorgullecen de eso. Al inicio me encantaba esa energía de hombre responsable, esa sensación de que yo podía relajarme porque él tenía el control de su vida. Cocinaba, organizaba cuentas, y hasta tenía una forma de abrazarte como si estuviera “protegiendo” algo. Pero con el tiempo también descubrí que esa misma energía de “yo puedo solo” es un disfraz perfecto para ignorar lo que sientes y luego decirte que exageras. Nos conocimos en una fiesta de un amigo en común, de esas donde todos se ríen fuerte para tapar sus propias carencias. Yo estaba en una etapa en la que ya no quería relaciones a medias, y Nico llegó con su carita de “no hago drama”. Me escuchó hablar y no intentó competir conmigo, lo cual fue refrescante, porque hay hombres que apenas te ven segura y ya quieren bajarte la voz. Con Nico era distinto: parecía atento, medido, como si entendiera que yo no necesito permiso para existir. Y cuando empezamos a salir, me vendió esa narrativa preciosa de pareja equipo, de construir, de proyectarnos. Las primeras citas fueron bonitas, incluso dulces, de esas que después recuerdas y te da rabia porque te preguntas en qué momento se torció todo. Íbamos por café, caminábamos sin prisa, y él me preguntaba cosas con interés real, no con esa curiosidad vacía de la gente que solo espera su turno para hablar. 0:00 Historia principal 10:43 Comentarios de la historia principal 11:46 Actualización 1 20:11 Comentarios de la actualización 1 21:19 Actualización 2 28:13 Comentarios de la actualización 2 29:33 Actualización 3 35:02 Comentarios de la actualización 3