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No soporto ver a mi ex novio casándose. Nos separamos hace un año porque le dejé claro que, aunque lo amaba para toda la vida, yo no quería comprometerme. El, en vez de entenderme y luchar por nosotros, decidió irse a casar con otra. Lo vi en una foto borrosa, con traje oscuro, sonrisa de domingo y esa cara de hombre “listo para el futuro” que se supone que yo le debía. Me ardieron las manos como si estuviera sosteniendo algo caliente, y no era el celular, era la idea de que mi lugar en su vida estaba siendo ocupado en público. Lo peor no fue que se casara, fue que lo hiciera como si yo no hubiera existido, y eso no se lo voy a dejar tan fácil, así que te voy a explicar de dónde viene todo esto. Adrián y yo no fuimos una relación cualquiera, fuimos el tipo de historia que la gente en el colegio mira con una mezcla de envidia y aburrimiento porque “siempre están juntos”. Nos conocimos adolescentes, de esos amores que crecen con uno y se vuelven costumbre, y cuando digo costumbre no lo digo como algo feo, lo digo como lo inevitable. Yo era la que lo empujaba a arriesgarse, la que le decía que no se conformara, la que le corregía el mundo con una frase y una mirada, y él era el que me aterrizaba sin humillarme. Tenía esa paciencia rara, esa forma de escuchar que no era servil, era honesta. A veces me irritaba que pareciera tan estable, pero también me daba una calma que no se compra. Durante tres años, nuestra dinámica se volvió un idioma propio que nadie más entendía. Él era detallista, pero no de esos que compran cosas para marcar territorio, sino de los que recuerdan una canción y te la ponen en el carro porque sabe que te cambia el ánimo. Yo, en cambio, siempre fui más de conceptos grandes, de sentimientos absolutos, de esas promesas que no caben en una cajita. Para mí, amar era reconocer a la persona como tu casa sin necesidad de ponerle escritura. Adrián era el tipo de hombre que pensaba en “construir”, en “avanzar”, en “formalizar” como si esas palabras fueran sinónimo de amor. Y ahí empezó el primer roce real, porque yo no necesito que me conviertan en proyecto para sentirme elegida. Él venía de una familia donde todo tenía orden, etapas, fechas, fotos enmarcadas, y eso se le notaba. A veces hablaba de futuro como si fuera una lista, y yo lo miraba con ternura, pero también con una alarma pequeña, como cuando ves a alguien caminar hacia una puerta que dice “salida” sin leer el letrero. 0:00 Historia principal 9:15 Comentarios de la historia principal 10:31 Actualización 1 20:31 Comentarios de la actualización 1 21:45 Actualización 2 30:53 Comentarios de la actualización 2 32:18 Actualización 3 40:06 Comentarios de la actualización 3