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En mi juventud sufrí mucho por un Ex que me trató muy mal, se llamaba mateo y prometí que nunca volvería a vivir esa experiencia. Pero hoy mientras iba al trabajo, vi a una jovencita aceptando ser la novia de un chico llamado Mateo. Debo hacer algo para salvarla. Hoy me gritaron “bruja” en plena parada del bus y casi me atropellan por intentar arrancarle un peluche a un adolescente. Me miraron como si yo fuera el peligro, como si no entendieran el tamaño de la maldición que se estaba activando. Me temblaban las manos de pura claridad y de puro asco energético, pero igual seguí. Tengo 35 años y aprendí tarde que el universo no avisa con calma, avisa con golpes. No nací “paranoica”, me volví precisa después de que la vida me enseñara a leer patrones a la fuerza. Hay gente que se burla de la intuición, pero yo sé distinguir entre una casualidad y una señal. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente cuando algo viene envenenado, como si mis huesos tuvieran memoria. Y sí, sé que suena intenso, pero mi vida entera se partió por no escuchar a tiempo. Hace quince años yo era otra, más ingenua, más moldeable, más de creer en promesas bonitas. Me enamoré de un hombre que también se llamaba Mateo y en ese entonces pensé que era un nombre cualquiera. El primer mes fue como una película barata: atención, palabras grandes, esa falsa ternura que te hace sentir especial. Luego vinieron los cambios, chiquitos al inicio, como granitos en la piel que finges que no existen. Me aisló, me dudó, me hizo pedir perdón por cosas que ni entendía, y yo me lo tragué porque quería “hacerlo funcionar”. Cuando quise reaccionar ya estaba adentro de un laberinto emocional con la salida tapiada. Lo peor no fue solo lo sentimental, fue lo material mezclado con lo espiritual, porque ese tipo de hombres no dañan una sola capa. Terminó arruinándome el crédito con una naturalidad de ladrón elegante, como si fuera su derecho llevarse mi futuro en cuotas. Me dejó con deudas, vergüenza y una sensación de suciedad energética que me tomó años sacarme de encima. Yo no sabía nada de chakras en esa época, pero mi cuerpo gritaba que estaba fuera de eje, que algo se había torcido adentro. Años después entendí que el daño no era solo una ruptura, era una marca. Y una marca, si no se limpia, se hereda de formas raras. 0:00 Historia principal 7:44 Comentarios de la historia principal 9:22 Actualización 1 19:44 Comentarios de la actualización 1 21:30 Actualización 2 31:41 Comentarios de la actualización 2 33:28 Actualización 3 42:50 Comentarios de la actualización 3